martes, 26 de marzo de 2024

La medida de todas las cosas - Ken Adler

 

Título: La medida de todas las cosas                                                                                    Autor: Ken Adler

Páginas: 496 pág.

Editorial: Taurus

Precio: 20 euros 

Año de edición: 2003

Este apasionante libro de Historia de la Ciencia arranca en 1792 en plena Revolución Francesa, cuando la monarquía gala colapsaba y una promesa de igualdad se difundía por todos los rincones. Dos grandes astrónomos franceses, Délambre y Méchain, salieron de París en sendos carruajes provistos de toda suerte de instrumentos y aparatos científicos con una misión peculiar, digna de las mejores aventuras de Julio Verne: medir la Tierra con la mayor exactitud posible, o al menos la porción de meridiano que iba desde Barcelona hasta Dunkerque. Conocido el ángulo que subtienden esos dos puntos desde el centro de nuestro planeta, se conocería la longitud total del cuadrante del meridiano. El objetivo final era definir una nueva unidad de medida única y universal, que acabase con la proliferación de unidades locales y nacionales las diferentes varas, yardas, toesas, millas, leguas...: el metro. Se definiría como la diezmillonésima parte del cuadrante terrestre y sería eterna e inmutable, como lo era la realidad sólida terrestre luego se vería que no es tan sólida e invariable.

Nuestros dos aventureros partieron, uno hacia el norte y otro hacia el sur, haciendo mediciones, y repitieron el proceso en el camino de vuelta. Se encontraron en Carcasona y como resultado de siete años de trabajo, presentaron sus resultados en una Conferencia Internacional en París, la primera reunión científica internacional, en la que se definió el metro por primera vez y se elaboró una barra de platino puro que medía exactamente eso, un metro. Lamentablemente, uno de los dos intrépidos científicos cometió un pequeño error. Un cuadrante de meridiano terreste del hemisferio norte mide 10 002 290 m, y el patrón final resultó ser 0,2 mm, el grosor de un par de páginas, más largo de lo que debiera. Una cantidad pequeña, pero significativa para trabajos de precisión.

Para que la historia tenga más dramatismo, resulta que el autor, al revisar los cientos de cartas que intercambiaron los dos astrónomos, una correspondencia perdida durante muchos años, descubrió que uno de ellos se confundió y, presa del pánico, lo ocultó. Los remordimientos le llevaron al borde la locura y finalmente, a la muerte. Su compañero no descubrió el embrollo hasta después de que el metro se definiese como unidad universal y se enfrentó al dilema de decirlo o callar para siempre. 

Lo curioso es que, aunque se identificaron una serie de fuentes de error que no era posible controlar ni corregir, el que en un primer momento se consideró a sí mismo culpable del fallo, debido a caótica forma de trabajo y manera de anotar sus resultados, probablemente no lo fué tanto y, muy al contrario, parece que su método de trabajo, extraordinariamente complejo y alambicado, pudo quizás corregir muchos errores.

En cualquier caso ¿por qué se produjo exactamente ese error? ¿Cómo reaccionaron los dos pioneros cuando se descubrió el pastel? ¿Qué consecuencias tuvo? ¿Cómo siguió evolucionando el metro? Esas preguntas y muchas más se responden en este apasionante libro que, además de los curiosísimos detalles técnicos, describe todas las peripecias y avatares de tan curiosa empresa.

El texto es ameno y se lee muy bien, a pesar de las complejidades técnicas que, irremediablemente, incluye. Se consigue un tono claro, ameno y divulgativo, de manera que cualquier lector medio sigue todas las explicaciones sin problema. Un libro muy entretenido e instructivo, en el que se aprenden muchas cosas de cómo se plantea y gestiona un proyecto científico, abundancia de detalles sobre la vida cotidiana de la época, cómo era la mentalidad de la gente en aquellos tiempos y la manera de pensar de los dos científicos protagonistas. Es decir, una gozada de libro. Quienes hayan tenido contacto con la técnicas, los «de ciencias», disfrutarán leyéndolo y los que no, los «de letras», puede que se den cuenta de que la ciencia es un mundo mucho más cercano, asequible y atractivo de lo que pensaban.

En fin, la historia detallada de una expedición y unos resultados increíbles. Napoleón dijo: «Las conquistas van y vienen, pero esto logro permanecerá para siempre». Y no le faltaba razón, así nació el metro.

La edición está acompañada de una extensa bibliografía, la lista de fuentes que se han utilizado y un cómo índice analítico. La traducción del inglés, correcta y ajustada es obra de José Manuel Álvarez-Flórez, consumado traductor con más de trescientos títulos a las espaldas de los más prestigiosos autores anglosajones.

Ken Adler, nacido en 1959, es un historiador estadounidense. Es licenciado en Artes por la Universidad de Harvard y doctor honoris causa en Historia de la Ciencia. Ha dado clase en la Universidad Northwestern y ha sido profesor invitado en la Escuela de Minas de París, en la Universidad de Nueva York y en el Instituto Max Planck.

Ha ganado varios premios de Historia de la Ciencia y desde 2012 es miembro de la Academia Americana de Artes y Ciencias.

Ken Adler

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

2 comentarios:

  1. La apasionante historia muy bien relatada con elementos de thriller de psicología de vida corriente de amargura algunos momentos cómicos también... Me encantó

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  2. Gracias por el comentario. Sí, es una novela muy completa y atractiva.

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