miércoles, 2 de diciembre de 2020

La casa del dolor ajeno - Julián Herbert

 

Título: La casa del dolor ajeno                                                                                          Autor: Julián Herbert

Páginas: 303

Editorial: Penguin Random House
 
Precio: 5,95 euros  

Año de edición: 2019

En mayo de 1911, durante la dictadura de Porfirio Díaz y en una época convulsa, plagada de levantamientos y revoluciones, tropas maderistas y vecinos masacraron en Torreón, al noroeste de México, a unos 300 chinos. Se trata de la mayor matanza de orientales del continente y un oprobioso ejemplo de barbarie y de la extrema sinofobia que reinaba en esos años. 

Aún hoy en día, aquellos sucesos constituyen un tabú en la zona del que nadie quiere hablar y siguen sin estar completamente aclarados, a pesar de las cuatro investigaciones que se llevaron a cabo inmediatamente. Era una época confusa, de revolución y guerra. Este libro, a medio camino entre el reportaje de investigación y la novela histórica, entre el diario de viaje y la crónica, es un intento de contar qué ocurrió, cómo se sucedieron los hechos, por qué y en qué contexto.

Lo primero, hay que aclarar que cuando se prohibió el esclavismo negro, los que se lucraban con él modificaron su negocio y se dedicaron a traficar con trabajadores chinos, llamados coolíes, a 150 $ por cabeza y en condiciones de semiesclavitud. Ése es el origen de la mayoría de los barrios chinos (chinatowns) de Estados Unidos

Se decía que no se integraban, pero hay que tener en cuenta la barrera del idioma y las sucesivas leyes que les marginaban y estigmatizaban, como las leyes californianas que prohibían los matrimonios entre chinos y mujeres blancas (curiosamente las «mujeres blancas» incluían a las indias, mulatas y negras). La sinofobia fué importada desde los EUA hasta México y la idea general era que eran sucios, arrogantes, cerrados y un informe del gobierno concluyó que no eran tan beneficiosos para la economía como los inmigrantes blancos que habían hecho prosperar a Australia, Brasil y Argentina. Prejuicios y profecías autocumplidas. Las biografías de chinos que hicieron fortuna y acabaron siendo dueños de empresas, hoteles o publicando libros de filosofía se obviaba.

Ese are el ambiente en la ciudad de Torreón, un nudo ferroviario recién fundado, que había crecido como la espuma, una ciudad violenta, sin mucha ley ni orden y llena de lupanares, cuando los guerrilleros de Francisco Madero tomaron la ciudad tras una larga lucha. Al final de la refriega, se dice que un chino disparó a las tropas, no se sabe si es cierto, si fué una confusión o un invento para justificar la horrorosa caza del chino que se desató entonces. En ella, parece que colaboraron con entusiasmo los torreonenses que hasta hacía poco defendían la localidad y en la prensa del día siguiente se relataba lo sucedido con alguna que otra broma macabra sobre los chinos muertos.

El autor, realizó una exhaustiva labor de investigación histórica y sociológica sobre el terreno, preguntando a todo el mundo, hablando con los taxistas y la gente de la calle, estudiando hemerotecas y cuanta documentación consiguió localizar, reflexionando y analizando. El resultado es este interesante libro, que es a la vez una especie de diario, una crónica, la historia de una pesquisa y un reportaje histórico.

En el texto, Herbert alterna extractos de su diario durante la investigación, diálogos con lugareños y el relato de su pesquisa, con la narración de los hechos históricos que va descubriendo. Se hace un relato ordenado de la historia de México de aquellos años, un resumen de la historia reciente de China, se reseñan muchas otras cosas relacionadas y el libro se remata con dos partes fundamentales: la crónica pormenorizada de la toma de la ciudad y la posterior matanza de chinos y 13 semblanzas de otros tantos personajes clave de la historia, como generales, políticos, diplomáticos, guerrilleros, vecinos, líderes chinos y el empresario y fotógrafo estadounidense Hartford Harold Miller Cook, establecido en Torreón, cuyas fotos se conservan en un espléndido archivo fotográfico.

El estilo es periodístico, es decir, claro, explicativo y ordenado. El libro se lee muy bien y constituye un documento único que realiza una cala exhaustiva en una época de la historia mexicana llena de curiosidades y detalles inesperados. Un libro de historia muy interesante y a la vez una pieza literaria de gran valor. Excelente.


Torreón, la llegada de las tropas maderistas y la toma da la ciudad (fotos Miller Cook)

Julián Herbert  (Acapulco, 1971) es un escritor, músico y promotor mexicano, que ha incursionado prácticamente en todos los géneros (poesía, novela, cuento, ensayo).

Tuvo una infancia difícil, con una madre prostituta que llevaba una vida errante por todo México y que murió de leucemia en 2008. Esa experiencia la transformó en la novela «Canción de cuna». Estudió literatura española en la Universidad Autónoma de Coahuila y vive en la capital de ese estado, Saltillo. Debutó en la literatura con la recopilación de cuentos «Soldados muertos» (1993), a los 22 años, y desde entonces ha desplegado una actividad casi frenética.

Es el vocalista de la banda de rock Madrastras, antes Los Tigres de Borges, y ha ganado varios premios literarios de importancia, como el Premio Nacional Gilberto Owen (2003), los premios nacionales de cuento Juan José Arreola (2006) y Agustín Yáñez (2008), el Premio Jaén de Novela (2011) y el Premio de Novela Elena Poniatowska (2012).

Julián Herbet

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

martes, 1 de diciembre de 2020

Un año en el otro mundo - Julio Camba

 

Título: Un año en el otro mundo                                                                                        Autor: Julio Camba

Páginas: 184

Editorial: Rey Lear
 
Precio: 15,95 euros  

Año de edición: 2009

En 1916, el periodista Julio Camba fué destinado a Nueva York como corresponsal del diario ABC. Tenía entonces 34 años y estuvo allí doce meses, un año completo en la ciudad de los rascacielos, en los que escribió una serie de 49 columnas, una a la semana, en las que plasmó su particular visión de la ciudad y sus habitantes. Una obra que le consagró como escritor y despertó la admiración de sus colegas.

El lenguaje es ligero, chispeante y en apariencia superficial y casi frívolo. Es ingenioso y busca la sonrisa y a veces, la carcajada. El humor es incisivo y algo cortante, a veces, incluso algo ácido, pero en seguida se suaviza y vuelve al tono amables y desenfadado. Pero bajo es apariencia lúdica y divertida, late una gran capacidad de observación y una enorme habilidad para describir aspectos fundamentales de una sociedad con precisión.

Llama la atención la actualidad de esos flashes, esas ráfagas de lucidez con las que ilumina distintas facetas de la vida en la gran manzana: allí todo es grande y colosal, es una ciudad llena de velocidad y estrépito, no se puede flanear (callejear, pasear), todo se valora en dólares, es un país de hombres solos, idolatran el récord, predican la igualdad de oportunidades y el mérito del hombre hecho a sí mismo, el público americano es un público infantil, la vida se organiza como una partida de póker, las elecciones son otro espectáculo más... y así hasta completar una radiografía de la metrópoli estadounidense asombrosamente certera y actual.

Es impagable la descripción que hace de la campaña y el proceso electoral que llevó a Woodrow Wilson a la presidencia, el presidente que hizo entrar al país en la Primera Guerra Mundial.

Por otro lado, me ha encantado encontrarme con la famosa frase de Oscar Wilde que ha dado lugar a muchos títulos de películas, libros y todo tipo de comentarios, y que reconozco que desconocía. Después de una visita a los Estados Unidos, el ingenioso irlandés aseguraba haber visto, en un garito situado en las Montañas Rocosas, un cartel que decía así: «Se ruega a los concurrentes que no disparen al pianista cuando cometa algún error». 

Como buen escritor cómico, estos artículos están trufados de frases brillantes y certeras, con chispa y mucho acierto: «Los rascacielos son calles verticales», «Un detective es alguien que si es hombre, se disfraza de mujer y si es mujer, de hombre», «Los franceses están muy condecorados y comen mucho pan, mientras que los americanos no tienen condecoraciones y mascan goma», «En América, el dinero es un dinero joven, fresco, valiente, que no ha sentado todavía la cabeza», «El teléfono es la laringe del americano», «Nueva York es una tabla de Pitágoras hecha en tres dimensiones», «En Nueva York no hay manera de perder el tiempo. No hay cafés; no hay apenas plazas ni paseos con bancos...».

Otro libro genial de un humorista gallego metido a escritor, que sirve muy bien como introducción y puerta de entrada al mundo de este autor, que derrochaba talento y agudeza. Y lo más curioso es que esta obra parece demostrar que la esencia fundamental de la sociedad estadounidense apenas si ha cambiado en un siglo. Una delicia de libro, divertido, interesante y muy recomendable para todo tipo de lectores.

Ficha de la policía argentina de Julio Camba

Julio Camba (Villanueva de Arosa, 1882-1962) nació en una familia humilde, su padre era practicante y maestro de escuela. A los quince años se escapó de casa y viajó como polizón hasta Buenos Aires. Dos años más tarde fué deportado a España por anarquista.
 
Después escribió algunos versos y colaboró en varios periódicos. Como corresponsal de «El Mundo» viajó a Estambul, París, Londres y Munich. Luego se estableció como corresponsal del «ABC» en Berlín y allí estuvo hasta que se inició la Primera Guerra Mundial. De allí paso a Nueva York, cambió varias veces de destino y de vuelta ala gran manzana vivió y escribió sobre el crac de 1929. Después se dedicó a viajar por toda Europa y a publicar «La casa de Lúculo», una genial tratado sobre la gastronomía española.
     
Su talento como periodista ha sido reconocido por todos, llegó a publicar más de 4000 artículos. En 1949 fijó su residencia en la habitación 383 del Hotel Palace de Madrid y allí vivió hasta que sufrió una embolia en 1962. En este enlace podéis encontrar una web muy completa sobre su vida y su obra.

Julio Camba

Publicado por Antonio F. Rodríguez.