Título: Vida del ahorcado
Autor: Pablo Palacio
Páginas: 88
Editorial: El Nadir Tres
Precio: 13 euros
Año de edición: 2009
Esta extraña novela, o más bien Objeto Literario No Identificado, publicada originalmente en 1932, impacta al lector por su carácter onírico, surrealista y de vanguardia. Una novela subjetiva, desorganizada en capítulos numerados al azar, que recuerda a Kafka y a los dadaístas franceses, pero que no es muy conocida, quizás porque se publicó en Ecuador y eso pesa.
Se trata de una colección de textos sueltos, inconexos y fragmentarios fuertemente surrealistas, oníricos y desquiciados, que sorprenden por escaparse ágilmente de lo que espera el lector en cada momento. Son tan poco convencionales, tan extraños y geniales, que ejercen una poderosa atracción en el que se aventura por estas páginas. Uno no sabe si está perdiendo el juicio o es el autor el que se ha vuelto loco. Una serie de textos laterales, poéticos y algo desquiciados, que jalonan una serie de episodios de la vida del protagonista, que acabará ahorcado como sentencia de un proceso en el que se le juzga por varias cosas, pero sobre todo por un sueño que tuvo y confesó. No es fácil salir indemne y cuerdo de estas páginas que parecen subvertir la lógica en cada párrafo. Una obra protagonizada por un elenco de personajes esquizofrénicos, extraños, locos, asesinos, desconcertados y antropófagos.
Aquí aparecen: unos hombres que duermen en un cubo, un tipo que reza cada noche para que Dios no le dé una mujer que gaste paladar de caucho, un individuo al que despierta una voz y se da cuenta de que es su propia voz lo que ha oído, una subasta del Chimborazo, un anuncio de se busca un perro perdido y una madre que azota a su hijo mientras la llama perro perdido, una clase que se suicida colectivamente ante su profesor, reencarnaciones disparatadas y cómicas, otro hombre que reza para que no atropellen a su mujer, la disección de un cadáver, una instrucciones para matar a un hombre impunemente, un análisis de los elementos que componen la angustia, la rebelión de un bosque, la muerte del más dulce amigo de pulmonía premeditada... y así hasta llegar al final, tan sorpresivo como acertado ¿alguien da más?
En fin, un libro maravillosamente loco, vanguardista y arriesgado, con el mérito añadido de estar escrito en los años 30, cuando en Ecuador la tendencia hegemónica en literatura era el realismo social. Un texto que también tiene ironía, parodia y crítica, que admite múltiples interpretaciones y dispara en varias direcciones diferentes. Una obra fenomenal, inteligente y avanzada que, leída hoy en día, casi un siglo después, sigue siendo innovadora. Una novela, o lo que sea, del máximo interés.
Pablo Arturo Palacio Suárez (Loja, 1906-1947), más conocido como Pablo Palacio, fue un escritor surrealista y abogado ecuatoriano. Fue inscrito en el registro como hijo de padre desconocido y años más tarde, cuando era un conocido escritor y su progenitor quiso reconocerlo y darle su apellido, lo rechazó.
Se cuenta que, cuando tenía tres años, se cayó a un arroyo y la corriente le arrastró medio kilómetro. Cuando lo rescataron tenía 77 heridas en la cabeza, lo que aseguran que influyó en su manera de escribir, poco convencional. Su madre era de familia noble, de origen español, pero pobre, y la situación se agravó cuando se quedó huérfano siendo niño. El tema de la madre ausente aparece en su obra reiterativamente. Su tía Hortensia lo acogió y fue siempre un alumno extraordinariamente brillante.
A los 14 años, publico su primer poema, titulado Ojos negros, y a los 15 ganó su primer premio de poesía. Estudió Derecho en la Universidad Central de Ecuador y a los 19 se afilió al Partido Socialista Ecuatoriano, revolucionario y marxista. A los 21 años publicó la colección de cuentos Un hombre muerto a puntapiés y la novela corta Débora. Siguió publicando relatos, poesía y la novela corta Vida del ahorcado.
A los 31 años se casó con Carmen Palacios Cevallos, apodada «la reina del mundo intelectual capitalino», de la que decían que era «escultora y escultura». Tuvo dos hijos y a los 33 años comenzó a mostrar signos de trastorno mental. Después de estar internado en varias clínicas y probar diversos tratamientos, falleció a los 40 años. Es uno de los autores clave de la vanguardia ecuatoriana y un autor muy adelantado a su época.
Publicado por Antonio F. Rodríguez.


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