martes, 3 de diciembre de 2024

Los muertos de Roni - Leo Aflalo

Título: Los muertos de Roni                                                                                                  Autor: Leo Aflalo

Páginas: 199

Editorial: Hebraica Ediciones
 
Precio: 22 euros

Año de edición: 2004

Descubrí por casualidad este libro raro e inclasificable, que se supone es una novela, de un autor desconocido para mí, simplemente, porque me atrajo su portada. Reproduce una fotografía antigua, en tonos marrones, en la que se ve a una novia andando por una calle empedrada del brazo del que debe de ser su padre y padrino, probablemente camino de la iglesia. Lo abrí, y si esa imagen era atractiva, la primera frase del texto me resultó todavía más atrayente: «No soy capaz de recordar con precisión cuándo empecé a vivir con los muertos. Tampoco estoy muy seguro de quién dio el primer paso. Si fueron ellos o yo».

En esta obra, subtitulada en páginas interiores «Crónicas confusas y antiguas, soñadas y verdaderas, de dos familias judías, entre Tánger y Tetuán»,  el autor escribe sobre sus antepasados y loe evoca mediante un curioso método: visita los lugares en los que vivieron, deambula por los cementerios en los que están enterrados, recorre las ciudades en las que vivieron y habla son ellos, les sueña e imagina, hasta el punto de obsesionarse y convencerse de que establece una relación con ellos, imagina qué dijeron, cómo eran y hasta lo que dicen. Es lo que Aflalo llama su trabajo con los muertos, cuyo objetivo es investigar, adivinar sus emociones, lo que sintieron en los momentos clave de sus vidas.

El resultado es una narración bellísima, una novela autobiográfica y, digamos histórica, que recuerda a Tánger y Tetuán judías, sus costumbres, su atmósfera y su ambiente, mientras reconstruye la historia de dos familias judías sefardíes de las más importantes de Marruecos a principios del siglo XX. El libro se divide en tres partes. La primera, arranca con la boda en Tetuán de sus abuelos paternos, Preciada y Aarón, la que corresponde a la portada, Nueve meses después, nacería su padre, la madre moriría podo después del parto y Aarón fallecería en su viaje a España para encargar dos lápidas como él quería, una para su mujer y otra para él. La segunda parte nos habla del Marshán, un barrio de Tánger dominado por una gran explanada que le da nombre. El autor se sitúa en una terraza que domina esa parte de la ciudad, en la que vivió su familia materna, y mirando sus callejuelas y casas imagina, y casi ve, a sus antepasados andar por allí, en una deliciosa evocación. Y en la última parte, Aflalo se desplaza a los lugares en los que vivió su familia en Tetuán y aplica sus métodos, que incluyen los sueños, para reconstruir el pasado. En el texto se insertan documentos oficiales, como partidas de nacimiento, actas de defunción y certificados de matrimonio, que anclan la narración a la realidad y le dan verosimilitud.

En estas páginas aparecen la costumbre sefardí de poner a los hijos el nombre de los abuelos —el autor se llama Aarón, como su abuelo, y de ahí Aaroni y después, Roni—, que los salmos del Rey David constituyen un consuelo cotidiano para los judíos, que las familias muy pobres llevaban una olla de piedras al horno comunal en Sabbat para disimular sus carencias, que hay serpientes en los cementerios que en ocasiones te pueden guiar para encontrar la tumba de tus antepasados, una mujer que no quería quedarse por la noche con la radio encendida por si salían todos los que estaban dentro del aparato, otra que tuvo la radio encendida toda la noche porque no sabía apagarla, un doctor que curó un caso de asma insertándole un garbanzo en el costado al paciente, el cuento de la víbora y el de la cachiporra, un rabino que se salvó en un naufragio agarrándose a los cuernos de un buey, dos médiums que podían discutir durante horas en francés —lengua que no conocían— poseídas por los espíritus de Napoleón III y Víctor Hugo, un esclavo que no quería ser libre, el hombre que daba la hora exacta sin haber visto jamás un reloj, el loco que solo contestaba cuando le llamaban Catalina y cien historias más, incluyendo costumbres, peripecias históricas, hechos insólitos y sucedidos extraordinarios.

Unas cuantas citas pueden ayudar a explicar el tono que impregna todo el texto: «Ocuparse de los muertos es el acto de caridad más desinteresado que existe», «En el caso de mis muertos, me conformo con una melodía tenue, lejana. Pero que sea clara para no olvidarla nunca», «Vivo con mis muertos [...], los echo de menos cuando no puedo ocuparme de ellos», «Las ciudades también se mueren. Tardan mucho en descomponerse, eso es todo», «Y he comprobado que, a la hora de sufrir, igual da estar vivo que ser un muerto», «Los muertos del Marshán me reclaman [...] En realidad, casi todos mis muertos son del Marshán», «Vivir con los muertos exige práctica, entrenamiento», «Los muertos saben cosas que nosotros no sabemos. Tienen secretos», «Creían que convocaban a los muertos y no se daban cuenta de que eran los muertos los que los convocaban a ellos», «Su sola presencia me hacía sentir bien», «Me confundo cada vez más a menudo entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos [...] El mundo de los muertos es más silencioso que el de los vivos [...] Pasa lo contrario con los olores. Son bastante más fuertes en el mundo de los muertos».

En suma, una obra extraordinaria, muy original, que te envuelve y te transporta a otro mundo, nostálgico y misterioso, lleno de sugerencias y afectos. El lenguaje es poético, evocador y está dotado de cierto laconismo, lo que hace que el mensaje sea más potente. Una novela mágica y maravillosa, de gran interés literario, histórico e incluso antropológico. Una rareza deliciosa que no se debe perder ningún buen lector. Para acabar, otro detalle más: la frase con la que termina, «Nunca estaré solo».

Es un libro bastante difícil de conseguir, pero se puede encontrar en Iberlibro y en varias bibliotecas de la Comunidad de Madrid. Si alguien lo ve por ahí, que no lo deje escapar.

Leo Aflalo nació en 1949 en Tánger (Marruecos). De 1967 a 1974 vivió en París, donde cursó estudios de comercio, de literatura y de ciencias políticas. Desde 1975 reside en Madrid y se dedica a la promoción internacional de proyectos industriales. Ha escrito cuentos y colabora con algunas revistas. Los muertos de Roni es su primera novela.

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

lunes, 2 de diciembre de 2024

Gabinete de dragones - Alejandro Robles

Título: Gabinete de dragones                                                                                                Autor: Alejandro Robles

Páginas: 142

Editorial: Eolas Ediciones
 
Precio: 16 euros

Año de edición: 2022

Pocas criaturas fantásticas han sido tan mencionadas y utilizadas como personajes imprescindibles en leyendas, historias y cuentos como el dragón, monstruo tradicional en el folclore de Oriente y Occidente. Pues de manera muy acertada y sobre el dragón tradicional, el escritor cubano Alejandro Robles ha escrito esta obra rabiosamente moderna: una colección de 80 microrrelatos, la mayoría de un párrafo, una página o a lo sumo dos, con dos excepciones de siete páginas, en los que aparece el dragón de una manera u otra. 80 relatos breves, 80, número cabalístico que significa abundancia, éxito social y poder. Una cifra adecuada para un libro que recuerda a las enciclopedias de antaño, los gabinetes de curiosidades, los bestiarios, los tratados antiguos de Historia Natural basados más en la imaginación que en la pura observación, las leyendas primigenias y las recopilaciones orientales de historias e historias dentro de otras historias. 

Se trata de un texto de desbordante fantasía, original y sorprendente, divertido y ameno, poco previsible y francamente refrescante. Una obra algo gótica, poética, inteligente y en alguna que otra ocasión, suavemente erótica. El autor demuestra en estas páginas tener una competencia literaria abrumadora, un lenguaje exquisito, un léxico amplísimo, una envidiable perfección formal, un estilo elegante y natural, y la habilidad de acabar cada texto con notable contundencia. Estos microrrelatos, textos híbridos que beben de los de Borges y Monterroso, se leen con facilidad, cosquillean la imaginación del lector y al final, parecen 80 regalos deliciosos, un juego completo de agudas delicatessen que no se puede dejar de leer. Yo me los he acabado de una sentada y sin despeinarme.

Por estas páginas desfilan el dragón de la basura, el dragón cabeza hueca, el dragón autómata, el dragón imaginario que devoró a Sir Francis Blake, los dragones fumadores y los invisibles, el dragón ciego, el dragón rencoroso, el dragón rémora, el dragón que escupía oro, el dragón ciervo, el dragón nodriza, el dragón reversible, el dragón trueno, el dragón linterna, el dragón caracol y muchos más, todos impresionantes y magníficos, asombrosos e inolvidables. Aquí se cuenta la verdadera historia del caballero y el dragón, una ingeniosa historia reversible, que puede leerse hacia delante y hacia atrás, la increíble aventura de la mosca y el dragón, la explicación de por qué desaparecieron los dragones... el autor domina el arte de narrar historias y da la impresión de que escribe de lo que quiere y como quiere, cosa mucho más difícil de lo que parece.

Robles hace además gala de una contenida y muy medida erudición, que nunca cansa, y rinde homenaje a Lichtenberg, Julio Ramón Ribeyro, Chuang Tzu, Benvenuto Cellini, Pushkin, Casanova, Sade, Víctor Hugo y algún que otro autor, a los que menciona e invita a  pequeños «cameos» literarios.

En fin, un debut impresionante, un libro sorprendente, un texto redondo y lleno de buenas cualidades. Una obra plagada de imágenes seductoras y fogonazos fascinantes. Un castillo de fuegos artificiales literarios único y brillante. Unos relatos bañados en fino humor, en los que no sobra ni falta una palabra, pulidos y deslumbrantes. Un título que hay que leer, no se os ocurra perdéroslo. Buscadlo, buscadlo cuanto antes, leedlo y ya veréis.

Esta edición incluye un entusiasta prólogo del escritor y crítico peruano Fernando Iwasaki, que declara que se trata de «una de las óperas primas de cuento más extraordinarias que he leído, pues la considero un prodigio de erudición, humorismo y originalidad».

Alejandro Robles (Halle, Alemania, 1962) es un escritor cubano, que vivió durante una década en México, pero actualmente vive en Miami. Estudió Filosofía en la Universidad de La Habana y Cine en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos. Novelista, ensayista y guionista de televisión, ganó el Premio de Cuento de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Sus relatos y ensayos han aparecido en varias publicaciones de Cuba, México y España. Gabinete de dragones es su primer libro de narrativa.

Alejandro Robles

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

domingo, 1 de diciembre de 2024

La Convención sobre los derechos del niño


Prácticamente todo el mundo conoce la Declaración Universal de Derechos Humanos, proclamada por Naciones Unidas en 1948, pero en cambio es mucho menos conocida la Convención sobre los derechos del niño (CDN), promulgada en 1989 y ratificada por una inmensa mayoría de países, en total 196, lo que lo convierte en el tratado internacional apoyado por un mayor número de países.

El tratado es el primero que reconoce que los niños y adolescentes tienen derechos específicos y que los adultos somos responsables de garantizarlos. Se trata de un texto de la máxima importancia, ya que hay que tener en cuenta que hasta su firma los niños no estaban reconocidos como sujetos de derecho y, por ejemplo, hasta La Segunda Guerra Mundial era legal en muchos países que trabajasen codo con codo con los adultos, en igualdad de condiciones.

El CDN entiende que son niños los menores de 18 años, a menos que el marco legal aplicable en su caso reconozca antes la mayoría de edad. Este puede ser un resumen de los principales derechos que incluye:

  • Derecho a la vida.
  • Derecho no ser discriminado por su raza, color de piel, sexo, religión, nacionalidad o cualquier otro motivo.
  • Derecho al interés superior del niño, es decir que cualquier decisión o disposición que le afecte, tiene que tener en cuenta qué es lo mejor para el niño.
  • Derecho a la educación: todo niño tiene derecho a recibir una educación adecuada.
  • Derecho a tener opiniones sobre cualquier asunto que les afecte y a poder expresarlas libremente.
  • Derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión.
  • Derecho a la libertad de asociación y a celebrar reuniones pacíficas.
  • Derecho a una vivienda digna, que haga posible su bienestar y desarrollo.
  • Derecho a la alimentación, y es obligación del Estado garantizarla en ausencia de padres o tutores que la proporcionen.
  • Derecho a no pasar hambre y tener alimento garantizado todos los días.
  • Derecho a, en la medida de lo posible, conocer a sus padres y ser cuidado por ellos.
  • Derecho a solicitar, recibir y difundir cualquier información e idea, salvo que vulnere el derecho de otros.
  • Derecho a la salud, todo niño tiene derecho a recibir atención sanitaria.
  • Derecho a tener un nombre y una nacionalidad desde su nacimiento.
  • Derecho al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades propias de su edad.
  • Derecho a protección contra la explotación laboral y frente a cualquier trabajo que pueda ser peligroso o perjudicial para su desarrollo.
  • Derecho a protección contra la explotación y el abuso sexuales.

En cualquier caso, en este enlace está el texto completo en español:

Convención sobre los derechos del niño.

Publicado por Antonio F. Rodríguez.