martes, 7 de abril de 2026

Un viaje al país de los matreros - Fray Mocho

Título: Un viaje al país de los matreros
Autor: Fray Mocho
 
Páginas: 136
 
Editorial: Libros de la Ballena
 
Precio: 13,90 euros 
 
Año de edición: 2024
 
Este libro es en realidad, tal y como indica el título, un intrigante viaje al delta del Paraná, ese río gigantesco que desemboca en el Río de la Plata a través de una amplia región de marismas, pantanos y pajonales. Un delta insólito, por ser de agua dulce y una de las regiones más inhóspitas y salvajes del país. Una zona enorme, en la que conviven el agua, el limo y la vegetación, en la que se refugiaban en el siglo XIX ladrones, asesinos y perseguidos por la justicia. Porque eso es un matrero, un fugitivo que buscaba escapar de la justicia en aquel terreno difícil y, traicionando su etimología, allí se establecía. Nació así un país peculiar, siempre húmedo, asilvestrado, azaroso e infestado de alimañas, entre las que la más peligrosa era el hombre. Allí la patria de cada quién eran su rifle y su canoa, las mujeres se robaban y lo mejor que podía uno encontrar era la soledad.
 
El autor, relatándonos su viaje por aquellas tierras, o por aquellas aguas, según se mire, porque todo allí es humedad, nos ofrece un fascinante periplo, en el que no se sabe qué es más sorprendente, si el paisaje, la fauna o el paisanaje. Estamos en 1897, nuestro narrador tiene el privilegio de andar por allí acompañado de ño Ciriaco, un hombre respetado en aquellos pagos y puede así asomarse a un pequeño mundo donde lo imprevisto es la norma, lo extraño lo cotidiano y la autoridad, un mito. Los matreros malviven cazando patos, carpinchos, nutrias y garzas, cuyas plumas venden a buen precio, para que acaben adornando los sobreros de las damas distinguidas. El contrabando, el robo y el incendio son frecuentes. El que tiene algo valioso que perder, vive con la vida pendiente de un hilo. Basta con tener rifle y canoa, que se convierte en casa y medio de transporte. Una vida ruda, rica en aventuras y hechos insólitos, buenos para ser contados más que vividos. Aquí aparecen: un matrero dandy que lee a Pierre Loti y se perfuma con Guerlain; los peligrosos Contreras, apodados Matacomisarios; Juan el Yacaré (caimán negro); el negro Pérez; hombres que se vuelven demonios cuando beben; bandidos, fugitivos, contrabandistas y todo tipo de maleantes.
 
Las descripciones de la naturaleza son coloridas y ajustadas, una maravilla. Los diálogos, cortos como latigazos y cargados de sabor, cono una guindilla, y las anécdotas que se narran, sabrosísimas. El texto es muy ameno, está estructurado en 22 capítulos cortos, de 6 o 7 páginas cada uno, que se leen con facilidad. Está estupendamente redactado y contiene perlas como ésta: «Es un corrientinito que hasta aura no ha encontrao un bagual que lo basuree» (no hay por ahora potro sin domar capaz de tirar a este tipo de Entrerríos).
 
Una obrita que es una joya, una delicia. Un libro de viajes inefable, que a la vez es libro de aventuras, lleno de sabor auténtico, de leyendas y refranes, de gramática parda y conocimiento de la naturaleza, de experiencias y color. No os lo perdáis.
 
La obra está bellamente ilustrado por Francisco Fortuny, pintor y dibujante argentino de origen español, e incluye un brillante prólogo del madrileño Munir Hachemi, el autor de El árbol viene.
 
Fray Mocho es el pseudónimo de José Seferino Álvarez Escalada (Gualeguaychú, 1858-1903), un escritor y periodista argentino famoso por sus retratos costumbristas, de época y humorísticos. Hijo de padres uruguayos, estudió en instituciones de Uruguay y a los 21 años se mudó a Buenos Aires, donde inició una brillante carrera como periodista.
 
Sus amigos le llamaban Mocho, apodo al que añadió fray (fraile) para componer su nombre de letras. Fue masón, escribió en numerosos periódicos y revistas, colaboró con la policía y publico un censo de delincuentes de la capital, con fotos de cada uno. Escribió ensayos costumbristas sobre la vida bonaerense de finales del XIX y falleció relativamente joven, a los 44 años, de una enfermedad pulmonar que arrastraba desde hacía tiempo.
 
Fray Mocho (1968)
 
Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

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