sábado, 29 de noviembre de 2025

El español que enamoró al mundo - Ignacio Peyró

Título: El español que enamoró al mundo
Autor: Ignacio Peyró
 
Páginas: 237
 
Editorial: Libros del Asteroide
 
Precio: 20,95 euros 
 
Año de edición: 2025

Julio José Iglesias de la Cueva. Más conocido como Julio Iglesias. El cantante español más popular de todos los tiempos. El hombre del traje blanco, la sonrisa llena de dientes, la piel morena, el gesto algo cansado de un sinvergüenza encantador, las señoritas exóticas, los casoplones y los millones. Todo un espectáculo de revista del corazón. 

En El español que enamoró al mundo (2025), Ignacio Peyró ha escrito una entretenida biografía acerca de uno de los mitos de la canción popular moderna. Y es que Julio Iglesias no está hecho para los intelectuales, los rebeldes o los adictos a la canción protesta. La del madrileño es una canción melódica suave, algo amanerada, quizá hasta cursi, un tanto rancia y vacía de cualquier mensaje. Por eso precisamente ha tenido tanto éxito. Al igual que los pasteles, está hecha para gustar a cualquiera. Nadie le hace ascos a un dulce. Uno se lo traga sin pensarlo demasiado. 

Julio Iglesias es un tipo razonablemente guapo, que canta bien, enamora a todo el mundo durante un par de horas y luego se larga en su avión privado a seguir derramando melaza a través del micrófono. La vida me ha hecho así, canta el divo con sonrisa pícara y guiñando ligeramente un ojo. Ha entendido como nadie la complicidad con el común de los mortales. Por eso su talento le ha procurado un chorro de millones («como un grifo que alguien se olvidó de cerrar», escribe Peyró).

Los orígenes familiares de Julio Iglesias son convencionales, sin problemas. Parentela burguesa y conservadora madrileña, pero de origen gallego. El padre, don Julio Iglesias Puga, era un conocido ginecólogo, simpático y dicharachero, con una buena cartera de amigos y contactos. La madre, una mujer de su época y clase: en casa, aguantando las aventuras del marido y rezando el rosario por las tardes. La clase media española suspiraba en los desarrollistas años sesenta por un hijo abogado o un yerno ingeniero, a poder ser de Bilbao. Julio iba para abogado. Al principio, no lo tuvo fácil. Una cruel enfermedad lo postró en cama durante muchos meses. Colgó los estudios. Hizo sus pinitos como portero del Real Madrid. Protagonizó una película olvidable: La vida sigue igual (1969). Pero Julio rascaba la guitarra. Tenía gusto, buena voz, mejor cabeza y sana ambición. Su padre le apoyó. Se fue a Londres. Y de allí salió su primer éxito: Gwendolyne. 

Como muy bien dice Ignacio Peyró, el ascenso de Julio no fue fulgurante, pero sí seguro e imparable: Benidorm, San Remo, Ámsterdam, América. El libro repasa con gracia las aventuras de Julio, sus comienzos titubeantes, la gente que le ayudó a subir, la boda con Isabel Preysler, la china, en 1971, los hijos, la familia, la fuerza y ambición de un hombre que ha dado muy pocos traspiés en su carrera profesional hacia el estrellato. A principios de los años ochenta Julio Iglesias cantaba en catorce idiomas y era el artista más vendido desde Albacete hasta Japón, pasando por Belfast. No tenía rival. 

Cuando dio el paso a los EE. UU., Julio fue el equivalente con pajarita y micrófono a Michael Jackson o a su admirado Sinatra. El latino número uno también enamoró a los WASP. Un verdadero sheriff. Mansión en Miami, unos cuantos yates, aviones privados, piscinas de mansión romana y lujo, mucho lujo, lujo a granel. Los valores de Julio eran los de EE. UU. en la era de Reagan: individualismo, trabajo duro y obediencia debida al gusto popular. El cantante español se hizo amigo hasta de Nancy Reagan, la primera dama. En los EE. UU. si te ven con un Rolls no te lo rayan, sino que te admiran, dice con gracia Peyró. Y es que el cantante de derechas, para las señoras de derechas, sus hijas casaderas de derechas y sus familias de derechas, como escribió Francisco Umbral, nunca defraudó a sus fieles. Y él siempre ha sido fiel a su ideología liberal-conservadora, por supuesto.  

Un suceso tremendo ocurrió a finales de 1981: el secuestro del doctor Iglesias Puga, el entrañable Papuchi, por ETA, en un «arrebato de frivolidad», según Maruja Torres. El doctor Iglesias fue engañado por unos etarras que se hacían pasar por periodistas alemanes. Contaban con un cebo infalible: una rubia escultural que encandiló al mujeriego Papuchi. El caso es que pescaron al ginecólogo, lo llevaron a Trasmoz (aldea zaragozana a los pies del Moncayo; lean a Bécquer) y lo metieron en un zulo. El jefe del comando etarra ostentaba un nombre tan poco euskaldún como Benito. La cosa terminó bien y la policía liberó en pocas semanas al doctor Iglesias. A partir de ahí, el otro Julio, el de Miami, reforzó las medidas de seguridad de la familia («hay personas que no me quieren, es más, me quieren fatal», comentó entre estoico y asustado). Las páginas dedicadas al secuestro son descacharrantes.  

En conclusión: un libro estupendo, ameno, bien escrito, divertido e irónico sobre un grande de nuestro país, con todos los «peros» que se quieran y alguno más que se encuentre. Pero algo tendrá de especial quien salió del barrio de Argüelles, enamoró al mundo, se convirtió en el rey Midas de la canción melódica y se hacía traer marisco gallego en avión unas dos veces por semana. Porque solo con suerte no se consigue todo eso. Vamos, digo yo. Recomendable. 

Ignacio Peyró

Ignacio Peyró (1980) es un periodista y escritor nacido en Madrid. Tiene estudios de Derecho, Filología y Ciencias de la Documentación. Ha trabajado en innumerables medios de información españoles y extranjeros: El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia o La Gaceta de los Negocios. Entre 2011 y 2017 trabajó redactando discursos para el presidente del gobierno Mariano Rajoy. Como escritor, destaca su monumental e imprescindible Pompa y circunstancia: diccionario sentimental de la cultura inglesa (2014). Ignacio Peyró es una especie de tory a la española, muy alejado de la derecha agreste celtibérica. En la actualidad es director del Instituto Cervantes de Roma 

Publicado por Alberto. 

viernes, 28 de noviembre de 2025

La antigua Biblos cumple 15 años

Hoy hace exactamente 15 años que se me ocurrió lanzarme a la aventura de abrir un blog de recomendaciones de libros leídos para lectores empedernidos, para viciosos irrecuperables de la lectura. La motivación fundamental era ayudar a otros a superar con éxito ese terrible momento, esos minutos de zozobra, cuando hemos acabado un libro y no sabemos qué leer a continuación. Son instantes terribles, estamos con el mono, como vaca sin campano, nos asusta precipitarnos y empezar a leer un mamotreto infumable, no sabemos por dónde tirar hasta que llega una recomendación providencial que nos ilumina.

Por medio de esa tarea, la de recomendar libros, se transforma el vicio de la lectura compulsiva, una actividad solitaria y antisocial donde las haya, en un placer colectivo, en el que se comparten de alguna manera satisfacciones íntimas y gozos personales. Creo que lo he conseguido, al menos en parte. Leer no me aísla, sino que me conecta a otros lectores furiosos como yo. 

Como ya conté hace diez años, estoy encantado con la experiencia. Me ha obligado a mantener una disciplina de lectura constante, estoy leyendo más que nunca (hasta 130, 140 y más libros al año), disfruto dos veces de los libros (al leerlos y al reseñarlos), tengo que intentar estar más o menos al día (estarlo de verdad es imposible) de las novedades que valen la pena... en fin, casi todos son ventajas. Si tenéis una afición que os apasiona, la que sea, la mejor manera de cultivarla hoy en día es abrir un blog sobre el tema. Un blog te cambia la vida, a mejor, claro. Incluso puede servir para crearse una reputación en un campo determinado cuando uno empieza, hacerse conocido y conseguir trabajo. Conozco más de un caso. Un viejo chascarrillo entre informáticos es lo de «¿Sigues con el blog o ya has encontrado trabajo?» La misma función puede jugar una cuenta de Facebook, Instagram o cualquier red social.

¿Los inconvenientes? Pues el primero es que me lleva bastante tiempo, como mínimo una hora diaria y de vez en cuando he tenido que robarle horas al sueño para seguir publicando cada día. He pasado épocas buenas, las más, en las que me lo he pasado bien redactando reseñas y otras, un poco más difíciles, en las que me veía repitiendo las mismas fórmulas y escribiendo peor. Supongo que es normal. Por otro lado, tengo un problema de dislexia moderada que me hace cometer un montón de faltas tontas y me cuesta mucho corregirlas después. Así que, disculpadme por los errores, no sé cómo controlarlos. Otro pequeño inconveniente es que un colaborador me envíe una reseña de un texto que me apetece mucho leer, que me lo pise. La presión por leer para publicar hace que sea muy difícil que decida dedicarle tiempo a ese libro.

Sin embargo, estoy enormemente agradecido a los colaboradores que me mandan reseñas. recibir una es un alivio, un día que tengo que trabajar menos. Es como encontrarse un pistacho ya pelado, un plato limpio que no hay que fregar o un hueco para aparcar. Aunque aún así, el trabajo no desaparece del todo, simplemente la hora habitual se reduce a treinta o cuarenta minutos. En cualquier caso, los corredactores son gente encantadora y que entiende de literatura. Ahora mismo tengo en «nómina» a siete fijos y algunos esporádicos. En total, el año pasado produjeron cien entradas, una media de casi dos a la semana. Está pero que muy bien. Siempre me acuerdo con mucho cariño de Paloma Martínez, una mujer maravillosa que me enviaba unas entradas fantásticas, bien escritas y con mucho criterio. Vale la pena buscarlas en el blog. Lamentablemente, nos dejó el año pasado. Una pena. También estoy intensamente agradecido a todos los que me leen y me siguen de alguna manera. 

Algunos datos curiosos: han sido 5336 entradas, 2542 comentarios, 311 seguidores, 76 suscriptores, 399 seguidores en Facebook, 758 en Instagram y 3.680.000 visitas. Cifras que no están mal, pero nunca me han preocupado mucho. Siempre he preferido la calidad a la cantidad. El número de visitas merece un comentario. Durante 13 años he tenido de 400 a 700 visitas diarias, entre 12.000 y 22.000 al mes, pero desde enero de 2023 han aparecido picos de 50.000 y 60.000 visitas mensuales, en octubre tuve 166.000 y este mes de noviembre voy por más de 182.000. Los países de origen de esas avalanchas son Estados Unidos, Reino Unido, India, Singapur y Hong Kong, así que intuyo que son mayoritariamente Inteligencias Artificiales que están aprendiendo sobre libros. Hay quien sostiene que dentro de poco los internautas preferirán consultar a una IA en lugar de entrar en un blog especializado. Me resisto a pensar que sea así, por mucho que progresen esos sistemas. Hay soluciones tecnológicamente obsoletas que han permanecido, como la radio, el libro en papel, la bicicleta, los vinilos, las librerías físicas o la olla frente a la olla exprés. Esperemos que ocurra algo parecido. Mientras, seguiremos leyendo y escribiendo.

Salud y felices lecturas.

Breve visión del paraíso

 
El paraíso, ordenado

Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

jueves, 27 de noviembre de 2025

El arte de ser otro - Mark Twain

Título: El arte de ser otro
Autor: Mark Twain
 
Páginas: 124
 
Editorial: Hermida Editores
 
Precio: 19 euros 
 
Año de edición: 2025
 
Este volumen tan atractivo, tan ligero y tan seductor contiene cuatro relatos estupendos nada menos que del gran Mark Twain, cuatro relatos prácticamente desconocidos y que creo que se publican en español por primera vez. Escritos entre 1870 y 1902, tratan temas como la transexualidad, el travestismo, los roles de género y las relaciones homosexuales, asuntos que después de más de cien años son de gran actualidad. 
 
Sin embargo y a pesar de su interés,  no vieron la luz en su momento. Los posibles editores llegaron a la conclusión de que nos les convenía publicar esos cuentos y han estado durmiendo en un cajón hasta hace poco, cuando la Universidad de California los ha recuperado. Son cuatro narraciones de enredo, chispeantes, ingeniosas y muy divertidas, que explotan a fondo los equívocos y situaciones chocantes que pueden superponerse a la difuminación de las fronteras entre géneros.
  • «Un romance medieval» está situado en 1222, en Inglaterra,  y con un estilo arcaizante, muy apropiado para la época en la que transcurre la acción, nos cuenta la historia de una joven noble que se ve obligada a fingir que es un hombre para que su rama de la familia herede un título nobiliario. Un envoltorio arcaico para un relato muy moderno.
  • «"Wapping" Alice» es una criada, que en el fondo es un hombre y que se ve envuelta en la más rocambolesca de las situaciones, que adquieren un significado especial para el lector, que sabe que no se trata de una mujer. Muy bien urdido.
  • «"Hellfire" Hotchinks» nos presenta todo un abanico de situaciones en las que se cuestionan los roles clásicos de género, se pervierten, se subvierten y se exploran en una sucesión de situaciones muy divertidas.
  • «Cómo Nancy Jackson terminó casándose con Kate Wilson» es una divertidísima narración, llena de giros, sorpresas y trampas, en la que nada es lo que parece y el final es toda una sorpresa. Un cuento genial.
El estilo es chispeante, elegante, muy dinámico y está a la altura de los mejores relatos de Twain. Tampoco faltan la ironía y el fino humor marca de la casa. Es una delicia leer estas páginas, dada la soltura y agilidad con la que se desarrolla la narración en todo momento.
 
Pero lo que llama más la atención son, como decíamos los temas que trata: historias transgénero, cambio de roles, crianza y vestimenta contraria al sexo de nacimiento, matrimonios homosexuales... todo un catálogo de situaciones equívocas y queer en poco más de cien páginas. Es bien conocido el apoyo de este autor a las causas feminista y sufragista, pero hasta ahora no se sabía que le interesase explorar los límites de las fronteras de género. El genio de Misuri no critíca ni cuestiona ninguna de las situaciones humanas que describe, las trata con naturalidad. Un adelantado a su época.
 
En fin, unos cuentos que por fin han salido del armario y que nos muestran a un Twain desconocido, sorprendente y muy interesante. Un libro imprescindible. Leedlo, lo pasaréis bien. 
 
El prólogo, que resulta iluminador, y la traducción del inglés al español han sido realizados por el colombiano Camilo Perdomo, filósofo y traductor literario, formado en la Universidad Javeriana de Cali y en la Universidad Tecnológica de Pereira.
 
Samuel Langhorne Clemens (Misuri, 1835-1910), alias Mark Twain, es uno de los grandes mitos de literatura estadounidense y uno de los escritores con un humor más inteligente.

A los trece años, tras la muerte de su padre, empezó a trabajar como aprendiz de tipógrafo y después trabajó en el periódico de su hermano. Luego fué piloto de río y de ese mundo sacó su seudónimo Mark Twain (dos brazas), el grito con el que se avisa que no hay calado suficiente para que el barco pueda continuar.

Luego volvió al periodismo, comenzó a publicar artículos de opinión, cuentos y relatos de humor en varios diarios. Después llegarían las novelas de éxito, Tom Sawyer, Huckleberry Finn y la fama mundial.
 
Mark Twain
 
Publicado por Antonio F. Rodríguez.