Autora: Sara Mesa
Páginas: 200
Editorial: Anagrama
Año de edición: 2016
Después de leer «Cara de Pan» ya quedó claro en mi reseña anterior que me quedaba con ganas de leer más de esta autora para mí hasta entonces completamente desconocida. Por ello inicié la lectura de esta recopilación de sus mejores cuentos llamada «Mala letra», que hace alusión al recuerdo infantil de que la escritora cogía (y coge, creo) mal el lápiz. Lo ha cogido mal desde niña, cuando algunos profesores se empeñaban en corregirla porque «hay que escribir como Dios manda» e, incapaz de aprender, ha seguido cogiéndolo mal hasta hoy.
Es posible por tanto, hacer una excelente literatura con una escritura libre e indócil como la de Sara Mesa. A mí me parece una digna heredera de Rafael Chirbes, que por cierto dijo de ella: «Sara Mesa levanta una literatura de alto voltaje, trabajada con precisión de orfebre». Totalmente de acuerdo, cada relato nos cuenta una historia aparentemente insignificante pero que nos deja un poso de reflexión y melancolía.
- «El cárabo», una narración con inspiración en Ferlosio y su Jarama, la pérdida de un niño en un picnic o ¿no es realmente una pérdida?
- «Mármol», la delicada narración del suicidio de un compañero de colegio, «Apenas unos milímetros», que trata el difícil tema de la inclusión en las actividades escolares de un niño discapacitado.
- «Creamy milk and crunchy chocolate» o como en un instante un desgraciado accidente puede marcar la existencia de dos familias de por vida.
- «Palabras-piedra», el germen de lo que luego fue la relación del anciano y la niña en «Cara de Pan».
- «Papá es de goma», un relato triste de unos niños abandonados a su suerte.
- «¿Qué nos está pasando», el acoso a las mujeres en el trabajo, contado como debe contarse.
- «Picabueyes», una niña pasa un caluroso verano en el pueblo de sus tías y un paseo en bicicleta que tiene un triste final.
Sara Mesa nació en Madrid en 1976 y se trasladó con su familia a Sevilla siendo niña, ciudad en la que actualmente reside. Estudió periodismo y filología hispánica. Sus inicios literarios se centraron en la poesía, que abandonó muy pronto. Su poemario «Este jilguero agenda» (2007) fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía «Fundación Cultural Miguel Hernández».



