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domingo, 3 de noviembre de 2024

Por qué escribo - Julio Cortázar

 

Por qué escribo

Siempre he escrito sin saber demasiado por qué lo hago, movido un poco por el azar, por una serie de casualidades: las cosas me llegan como un pájaro que puede pasar por la ventana. En Europa continué escribiendo cuentos de tipo estetizante y muy imaginativos, prácticamente todos de tema fantástico. Sin darme cuenta, empecé a tratar temas que se separaron de ese primer momento de mi trabajo. En esos años escribí un cuento muy largo, quizá el más largo que he escrito, «El perseguidor» —del que hablaremos más en detalle llegado el momento—, que en sí mismo no tiene nada de fantástico pero en cambio tiene algo que se convertía en importante para mí: una presencia humana, un personaje de carne y hueso, un músico de jazz que sufre, sueña, lucha por expresarse y sucumbe aplastado por una fatalidad que lo persiguió toda su vida. (Los que lo han leído saben que estoy hablando de Charlie Parker, que en el cuento se llama Johnny Cárter.) Cuando terminé ese cuento y fui su primer lector, advertí que de alguna manera había salido de una órbita y estaba tratando de entrar en otra. Ahora el personaje se convertía en el centro de mi interés mientras que en los cuentos que había escrito en Buenos Aires los personajes estaban al servicio de lo fantástico como figuras para que lo fantástico pudiera irrumpir; aunque pudiera tener simpatía o cariño por de terminados personajes de esos cuentos, era muy relativo: lo que verdaderamente me importaba era el mecanismo del cuento, sus elementos finalmente estéticos, su combinatoria literaria con todo lo que puede tener de hermoso, de maravilloso y de positivo. En la gran soledad en que vivía en París de golpe fue como estar empezando a descubrir a mi prójimo en la figura de Johnny Cárter, ese músico negro perseguido por la desgracia cuyos balbuceos, monólogos y tentativas inventaba a lo largo de ese cuento.

Julio Cortázar (Clases de literatura, 2016)

Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

sábado, 21 de enero de 2023

Querido alumno - Daniel Arias Aranda y Rafael Arenas García

 

Daniel Arias Aranda y Rafael Arenas García

La universidad española atraviesa momentos delicados como se refleja en la posición que ocupa en los rankings de universidades en Europa. Recientemente ha aparecido este artículo, muy controvertido, en el cual el profesor Arias Aranda expone ciertos problemas a los que tienen que enfrentarse los docentes universitarios; se queja de un aumento de alumnos desinteresados y con escasa base formativa, su expresión y redacción suele ser mala y limitada, y se apoyan hasta el abuso en las nuevas tecnologías.

                  «Querido alumno universitario de grado: te estamos engañando».

En pocos días ha aparecido una réplica del profesor Arenas García señalando el interés y compromiso que muestran los alumnos, la gran utilidad que suponen las nuevas tecnologías y apuntando a que el artículo anterior generaliza demasiado y puede considerarse carente de autocrítica.

                «Querido alumno, querida alumna: no te estamos engañando».

Os invito a leerlos y analizarlos, cada uno tendrá su parte de razón. Como podéis comprobar, la polémica está servida.

Daniel Arias Aranda (Madrid, 1972) es catedrático de Organización de Empresas en la Universidad de Granada.

Rafael Arenas García (Vegarrozadas, 1967) es catedrático de Derecho Internacional en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Publicado por John Smith.

sábado, 6 de noviembre de 2021

Sócrates, condenado de nuevo

«Sócrates» ha sido ejecutado de nuevo por corromper a la juventud». Esa es la rotunda frase con la que se han movilizado este frío mes de noviembre los profesores de Filosofía por la desaparición de esa materia como asignatura obligatoria de la ESO en el nuevo proyecto de ley de educación del gobierno. Si nadie lo remedia, quedará arrinconada como una optativa. Una maría. Nuestros chicos podrán cursar la enseñanza obligatoria completa sin saber con un poco de detalle qué es la Filosofía, qué es la verdad y si es o no posible conocerla, la diferencia entre el bien y el mal, los fundamentos de la ética y por qué Kant y Voltaire, por citar dos ejemplos, son tan importante para nosotros.

En su lugar, se ha optado por asignaturas más prácticas, cómo la Digitalización, la Economía o el Emprendimiento. Malos tiempos para la lírica. Pero, incluso considerando solo la importancia de los conocimientos útiles, hace algún tiempo un interesante artículo nos recordaba para qué sirve la Filosofía y su enorme utilidad práctica.

Habrá que citar de nuevo los párrafos del prólogo de la «Álgebra» de Roger Godement, un libro de texto prohibido durante el franquismo solo por esas frases:

«Aún a riesgo de provocar en algunas personas los sentimientos de horror y consternación que Paolo Ucello ha pintado tan maravillosamente en “La Profanación de la Hostia”, es necesario que manifestemos, porque la cuestión se plantea cada vez más y más, nuestro desacuerdo con las numerosas personalidades que, en la actualidad, piden a los científicos en general y a los matemáticos en particular que formen los miles de técnicos que necesitamos, según parece, para sobrevivir. 
»Tal y como están las cosas, nos parece que en las “grandes” naciones superdesarrolladas científica y técnicamente en que vivimos, el primer deber de los matemáticos, y de muchas otras personas, sería proporcionar cosas que no les piden: hombres capaces de reflexionar por sí mismos, de despreciar los argumentos falsos y las frases ambiguas, y a los ojos de los cuales la difusión de la verdad importe muchísimo más que, por ejemplo, la televisión planetaria en colores y en relieve: Hombres libres, y no tecnócratas-robot. Es tristemente evidente, que la mejor manera de formar a estos hombres que nos faltan no es enseñarles ciencias matemáticas y físicas, que son ramas del saber en que lo normal es aparentar que se ignora hasta la existencia misma de los problemas humanos, y a las que nuestras altamente civilizadas sociedades conceden, lo que debería parecer paradójico, el primer lugar. Pero incluso al enseñar matemáticas se puede, por lo menos, tratar de dar a las personas el gusto de la libertad y de la crítica, y habituarlas a verse tratadas como seres humanos dotados de la facultad de comprender».
 
La escuela de Atenas de Rafael Sanzio, pintado en1509 y 1510
 
Publicado por Antonio F. Rodríguez.