sábado, 28 de diciembre de 2024

Hormigas vs personas


Las personas y las hormigas tenemos bastantes cosas en común, una de ellas es que somos capaces de cooperar para resolver problemas difíciles, tanto intelectuales como físicos, como por ejemplo, transportar cargas pesadas a través de un laberinto. ¿Quién no ha formado parte alguna vez de un grupo de amigos que se unen para ayudar a un colega que se muda de casa?

Pues siguiendo esta apasionante e inspiradora idea, un equipo de investigación del Instituto Weizmann de Israel diseño un experimento para tratar de comparar la habilidad de grupos de humanos y grupos de hormigas para transportar cargas pesadas y grandes a través de un pequeño laberinto en el que era necesario maniobrar repetidamente hacia delante y hacia atrás varias veces para superarlo. Para que las condiciones fueran lo más parecidas posible, se prohibió a las personas hablar entre sí.

Los resultados fueron curiosos. En pruebas individuales, las personas ganaron con claridad a las hormigas, pero en las pruebas en grupo, los resultados fueron otra cosa. Las hormigas superaron claramente a los humanos, gracias a su habilidad para comportarse como un todo cohesionado en el que prima la colaboración sobre la competencia.

En este enlace podéis ver un vídeo cómo se desarrolló una de las pruebas y éste es el artículo original de los experimentadores.

Las hormigas resolviendo el problema

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

viernes, 27 de diciembre de 2024

La chica de Kyushu - Seicho Matsumoto

Título: La chica de Kyushu                                                                                                    Autor: Seicho Matsumoto

Páginas: 264

Editorial: Libros del Asteroide

Precio: 17,95 euros

Año de edición: 2017

La editorial Libros del Asteroide se está aplicando, con inteligente acierto y prudente regularidad, a publicar los libros de Seicho Matsumoto, bajo la brillante batuta traductora de Marina Bornas. Uno de sus libros más conocidos es precisamente La chica de Kyushu, una novela negra, con algo de folletín y mucho de crítica social al Japón de mediados del siglo XX. Ese Japón, aún muy tradicional en sus convenciones de género y clase, y en particular la ciudad de Tokio, sirve de escenario a las andanzas de la joven Kiriko Yanagida, que llega a la capital para ver al famoso penalista Kinzo Otsuka. Su intención es conseguir que este abogado, conocido por sus éxitos improbables en casos díficiles, pueda salvar de una previsible condena por homicidio al hermano de Kiriko. La chica está convencida de la inocencia del joven, y resulta una persona pertinaz y resuelta, que no se arredra ante la negativa del abogado a defender al acusado. 

Desde el principio Matsumoto utiliza una trama de novela negra para hacer aquello que dicho género mejor sabe: retratar las flaquezas e impurezas de la sociedad (en este caso, nipona). Kiriko es vista, en primer lugar y a salvo de otras consideraciones, como una mujer. Como tal, su capacidad de acción es limitada, y su autoridad moral, también. Los hombres que tratan con ella se sienten incómodos por su seguridad y asertividad (que diríamos hoy día, en tiempos del feel good). Lo que en un hombre supone un encomiable, o disculpable en el peor de los casos, rasgo de carácter, en una chica joven supone una molestia que puede alcanzar la irritación para los interlocutores masculinos. Kiriko se propone un objetivo y emplea toda su energía para conseguirlo.

Por otro lado, encontramos una evidente crítica al clasismo japonés, y por extensión al occidental, que determina la respuesta negativa del abogado, poco dispuesto a trabajar en un caso que no le va a reportar ganancias económicas ni prestigio social. Cierto es que no tiene la obligación de aceptar el caso, pero ello plantea necesariamente un debate ético en cuanto que Kiriko percibe la profesión de la abogacía con una perspectiva deontológica más humanista, una suerte de servicio a los más desfavorecidos a fin de garantizar un objetivo mayor: la justicia. ¿Es más importante la vida del hermano de Kiriko o la libertad de elección de los clientes de Kinzo Otsuka? Cada lector tendrá su opinión y ésta se reformulará, quizás, a medida que avance la novela y los hechos se desencadenen en ramificaciones imprevistas.

Desde un punto de vista estilístico, la prosa de Matsumoto es irreprochablemente clara y precisa. Incluso, redundante. De hecho, con frecuencia repite pasajes o sucesos de páginas anteriores, como si temiera que el lector fuera un olvidadizo consumado. Tal vez esta novela (cuestión que desconozco) se escribiera para ser publicada por entregas, de tal manera que el autor se viera obligado a recapitular cada cierto tiempo (al principio de cada nueva entrega) para que el lector no se perdiera en los vericuetos de la narración ni en los esbozos psicológicos y de razonamiento de los personajes. Esa peculiaridad de estilo, que pudiera rechinar, se convierte con el transcurrir de las páginas en un agradable recurso literario que permite a la trama ganar en morosidad, delicadeza y consistencia. Lejos de incomodar, a la larga permite sopesar lo que el autor cuenta y profundizar también en aquello que sugiere sobre los personajes y sus vidas.

El final de La chica de Kyushu no defraudará al amante de la novela negra o de los decimonónicos folletines de venganza, comparta o no las motivaciones de cada personaje y las acciones que los llevan a su destino. Una delicia de novela, y un ensayo narrativo sobre la justicia en Japón y, por extensión, en cualquier lugar.

Seicho Matsumoto

Seicho Matsumoto (Kokura, 1909-1992) escribió novelas y ensayos históricos, con más de cuatrocientas obras acreditadas. No obstante, destacó en el género de la novela negra, ofreciendo un toque de nihilismo a sus descripciones de la sociedad japonesa. Escritor de gran éxito popular, muchas de sus novelas fueron adaptadas al cine. Libros del Asteroide nos ha traído Un lugar desconocido,  El expreso de Tokio (ya reseñado en este espacio), La chica de Kyushu y El castillo de arena.

Publicado por José Ángel Gayol.

jueves, 26 de diciembre de 2024

Vivir me mata - Paul Smaïl

Título: Vivir me mata                                                                                                              Autor: Paul SmaIl                       

Páginas: 160

Editorial: El Cobre
 
Precio: 5,99 euros

Año de edición: 2003

Este atractivo, interesante y provocativo libro es en realidad un largo monólogo del protagonista y autor, que cuenta en primera persona la dura historia de su vida. Es un joven marroquí, nacido en Francia, pero discriminado igual que si fuera un inmigrante ilegal. La mayoría de la gente desconfía de él, le mira mal, no le da trabajo, le rechaza y prácticamente le aboca a la marginalidad y el resentimiento. Su historia sintetiza la de miles de magrebíes enfrentados a la violencia, al racismo y a la pobreza, siempre en la pendiente que lleva a la marginalidad y la delincuencia.

La primera frase es antológica: «Llamadme Smaïl», nos dice. Porque esta es la historia de un chico bereber con talento, que consigue estudiar con resultados brillantes Literatura comparada, pero acaba siendo escritor a tiempo parcial, repartidos de pizzas, dependiente de una librería, vigilante nocturno, boxeador aficionado y portero en un hotel cutre que alquila habitaciones por horas a parejas con prisas. Pero a pesar de todo,  le salva la literatura. Lee como un desesperado siempre que puede en el trabajo, y utiliza como contrapunto a todo lo que vive citas de Moby Dick, su novela favorita.

El texto tiene un ritmo frenético, te engancha, te embarca y te lleva a toda velocidad, sin darte respiro, por un río de experiencias frenéticas. Una novela poderosa como un torrente, brutal, descarnada y también poética, llena de matices líricos conmovedores. Estamos ante la vida de un chico duro y difícil, lleno de ira, de ruido y furia, pero con talento. Un rebelde con causa, tan marcado que no sabe ni siquiera aprovechar las pocas oportunidades que tiene. Hay una maravillosa y delicada descripción de un noviazgo, un episodio encantador que, desafortunadamente, dura demasiado poco.

Una novela corta, que dice en 150 páginas mucho más que otras en más de 300, con frases que se quedan en la memoria y de las que uno no se puede desembarazar fácilmente: «Suele decirse que, en una historia de amor, todo queda dicho desde el primer día. Después no se hace más que repetir indefinidamente, con todas las variantes que se quiera, el tema inicial», «Todo está en la literatura. Todo está dicho», «Llorar en un café escuchando a Um Kulsum cantar el dolor de amar...», «Yo no soy un recurso humano. Demasiada pinta de extranjero», «Lo pagaba todo porque pagar es lo único que no cuesta nada».

Una novela muy bien escrita, poderosa y de extraña belleza, que suena a auténtica en cada palabra y parece un trozo de vida que pasa por delante de nuestros ojos. Un libro con mucho truco, escrito por alguien que conoce muy bien el oficio. Una pequeña maravilla.

La traducción del francés ha sido realizada por Ana Libra Cenitagoya, profesora de la Universidad de Alcalá, y Cristina Huertas Abril, de la Universidad de Córdoba. Publicado originalmente en Francia en 1997 y traducido al español en 2003 para ser publicado en una editorial cuyos libros resultan difíciles de encontrar, he encontrado un ejemplar entre los expurgos de una biblioteca pública madrileña, en la mesa de los libros que te puedes llevar a casa porque llevan demasiado tiempo sin que nadie los saque. Curioso destino para una obra de un autor a la vez maldito y adorado, aborrecido e idolatrado a partes iguales. A mí, me ha encantado.

Parece ser que Paul Smaïl en realidad no existe. Es tan solo uno de los seudónimos de Jack-Alain Léger (Tolón, 1947-2013), un escritor y cantante francés que se escondía tras un buen número de nombres ficticios, como Melmoth, Dashiell Hedayat, Eve Saint-Roch o Daniel Théron.

Hijo de un crítico literario que escribía en el Paris Match, tuvo una infancia difícil entre una madre depresiva y suicida, y un padre que nunca aceptó que se dedicase a escribir. Era un gran amante del rock, publicó críticas de discos en la revista Rock and Folk y a los 20 años inició una carrera como cantautor con el nombre de Melmoth. Siempre uso pseudónimos porque le horrorizaba utilizar el apellido de su padre.

Como novelista, inició una errática carrera a los 22 años, con la traducción al francés del libro Tarántula de Bob Dylan y su primera novela, Being. Tuvo grandes éxitos, superventas, fracasos sonados y polémicas. Actualmente, es un autor de culto.

Después de varias depresiones, se quitó la vida a los 66 años tirándose por la ventana de un octavo piso. Dejó escrita una carta de tres páginas, en la que concluía: «Mi madre no lo consiguió. Yo, sí».

Paul Smaïl

Publicado por Antonio F. Rodríguez.