Título: Principio, medio, fin
Autora: Valeria Luiselli
Páginas: 360
Editorial: Feltrinelli
Precio: 21,90 euros
Año de edición: 2026
¡Qué placer encontrar una novela así, tan completa, tan redonda y bien acabada! Un libro que lo tiene todo o casi todo: una idea original, un desarrollo brillante, habilidad para sugerir y estimular la imaginación del lector en cada párrafo, amenidad, interés, una generosa dosis de innovación, buenas referencias a los clásicos, estructura, juego, enigmas aquí y allá que se desvelan en el desenlace, y un final inesperado y formidable.
Pero empecemos por el principio. El texto arranca con una madre escritora, que viene de un divorcio turbulento, y su hija, inteligente y justo en la frontera entre la niñez y la adolescencia. La pareja llega a Sicilia, entre volcanes amenazantes, tormentas y fuertes vientos, mientras buscan empezar una vida, una nueva manera de estar.
En la novela, se entrecruzan las peripecias de cuatro generaciones de mujeres: la bisabuela, la abuela, la madre y la hija. Van a esa isla italiana porque Nanna, la bisabuela, era siciliana. Cruzan mensajes continuamente con la abuela, que está empezando a perder la memoria. La madre tiene entre manos una novela sobre una escritora que a su vez redacta una novela y le envía fragmentos a su madre para que los traduzca y así ejercite la memoria que se le está yendo. Y la nieta se interesa por la vida de la abuela y no para de preguntar. Llegan a la casa de un amigo, en la que encuentran una colección completa de clásicos griegos y latinos, y autores como Plinio, Virgilio o Hesíodo entran y salen del libro mediante citas, referencias y las preguntas de la hija, preguntas que sirven de motor a la trama desde el inicio, cuando le plantea a su madre: «¿Por fin vas a escribir una novela con principio, medio y fin?».
El libro se estructura en párrafos de menos de una página, encabezados con títulos enigmáticos que al final cobran sentido, agrupados en 24 capítulos y éstos a su vez, en cuatro partes, cada una con un título («Primera parte», «La otra parte», «La última parte» y «Proteo: prima materia») y una mención a un viento siciliano: levante, ponente, sciroco y maestrale. Toda una estructura que al final, tiene su razón de ser.
Pero lo mejor es la manera de escribir de Luiselli,
siempre muy sugerente, empujando el lenguaje hasta cerca del límite de
la incoherencia. Un estilo bello, envolvente y de una gran naturalidad.
Las dos protagonistas y la relación madre-hija están estupendamente
descritos, sobre todo a través de sus diálogos, que parecen tomados de la
realidad. Porque esta novela respira autenticidad y me parece que tiene
muchos elementos autobiográficos y que la hija de la autora tiene buena
parte de culpa de la calidad del resultado.
No faltan las frases curiosas, vale la pena citar al menos unas cuantas: «Hay dos estirpes de taxistas: los que dicen que no saben nada y los que lo saben todo», «Tal vez eso es una casa: cosas en un escritorio», «Nuestros cuerpos son casas, espacios físicos en donde los rastros de quienes vinieron antes siguen viviendo y rebotando», «Mi imaginación y su memoria están confluyendo y mezclando cada vez más sus aguas», «¿En qué momento empezamos a hablar como nuestras madres?», «Una casa es lavar verduras», «Un clásico es una duda. Un clásico es una conjetura [...] Un clásico es un principio», «¿El amor es querer dar o querer tener? ¿Es ir hacia o regresar de?», «¿Es cierto que las tragedias griegas son todas profecías autocumplidas?», «La belleza solo nace con el tiempo», «Tengo miedo de que, al novelar la infancia de mi hija, el resultado le cree falsos recuerdos. Pero ella también fabula...».
En fin, una obra fascinante sobre cómo empezar una nueva vida, el pasado y su influencia en el presente, la memoria, los viajes simbólicos en el tiempo, la relación entre generaciones, las conexiones entre escritura y mundo real, y la sabiduría de los clásicos. La historia de una madre que busca un comienzo y de una hija que compra y escribe postales que nunca envía. Dos protagonistas que, a veces, intercambian papeles y siempre dialogan con el pasado. Una novela fulgurante como un rayo, poética y profunda, filosófica y cotidiana al mismo tiempo, y tan bien escrita, que ya tenemos un candidato al mejor libro publicado en 2026. Muy recomendable.
El texto incluye al final 14 postales, con sus textos correspondientes, fotografías, un dibujo, 32 instantáneas tomadas con una polaroid y un código QR que lleva a una página de la Feltrinelli Ediciones, en la que se puede escuchar un pequeño libro sonoro de 1 min 38 s con los sonidos de la novela: volcanes, viento, mar y las voces de las dos protagonistas, madre e hija. Y, como ya es costumbre, en este enlace, se puede leer el comienzo del libro.
Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983) es una escritora mexicana. Hija de un diplomático, vivió de niña y adolescente en Costa Rica, Corea del Sur, Sudáfrica —donde tuvo la oportunidad de conocer a Nelson Mandela— e India. En su familia, hay mujeres con mucha iniciativa: su abuela tuvo nueve hijos y se dedicó a ayudar a las comunidades
indígenas mexicanas, y su madre se mudó a Chiapas por unos años
para unirse a los zapatistas.
Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México y en 2008 se mudó a Nueva York para hacer un doctorado en literatura comparada en la Universidad de Columbia. Actualmente vive en esa ciudad con su hija y su sobrina. Ha colaborado como traductora en la Corte migratoria para la defensa de los niños inmigrantes centroamericanos que llegaban a Estados Unidos. Ha publicado hasta ahora 4 novelas y 3 ensayos, con los que ha ganado 5 premios.
Publicado por Antonio F. Rodríguez.


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