Título: Eros
Autor: Giovanni Verga
Páginas: 228
Editorial: Gadir
Precio: 9 euros
Año de edición: 2014
Hoy vamos a hablar de una novela que se podría encuadrar perfectamente en el género de historias de amor y lujo, intensos melodramas llenos de romances, desengaños y amores encontrados en el escenario de la clase alta, en este caso la siciliana. A pesar del título, que parece indicar lo contrario, no hay aquí carga erótica explícita alguna y tan solo aparecen (lo que no es poco) enamoramientos, pasiones irrefrenables, lealtades y traiciones, bailes y tórridos besos.
Estamos ante un melodrama de época, un texto rabiosamente romántico, de pasiones arrebatadoras, rostros que palidecen, se ensombrecen y se sonrojan, hay voces roncas, personajes que tiemblan, se ruborizan, sufren y se debaten sumidos en una tormenta de sentimientos y atroces torturas del corazón. Verga no había escrito todavía Los Malavlogia (1881), su obra maestra, aún no se había convertido en uno de los maestros del realismo siciliano y en esta obra de juventud incurrió en un curioso caso de romanticismo tardío.
Eso sí, la novela está escrita con un estilo de altísimo nivel, elegante y ágil, preciso y fluido, ameno y muy pulido, con sabor a clásico. Se trata de una manera de escribir que apabulla y delata a un gran autor, otro siciliano que escribe como los ángeles. La novela, en parte autobiográfica, retrata de manera crítica a los nobles ricachones ociosos, aristócratas provincianos, mundanos, sin oficio ni beneficio, que como se aburren se embarcan en lances amorosos, juegos de azar y una vida social superflua y decadente. Una de las mayores cualidades de esta obra es el profundo análisis psicológico de los personajes principales que ofrece en cada escena. El autor parece radiografiar el alma del protagonista y las damas que lo rodean.
Cuatro citas pueden bastar para resumir el tono y la atmósfera emocional de esta obra: «Hacia las
cuatro de una de las últimas noches de carnaval, la marquesa Alberti,
sentada ante el espejo, extremadamente pálida, estaba mirándose con ojos
cansados y distraídos, mientras la doncella le atusaba el cabello para
la noche», «Porque os he dado mi honor ¡y quiero que vos me deis el vuestro!», «La mayor parte de nuestros dolores nos los fabricamos nosotros mismos: envenenamos la fiesta de nuestra juventud exagerando y complicando los placeres del amor hasta que hacemos que surja de ello el dolor, y enturbiamos la serenidad de nuestra vejez con fantasmas de otra vida que nadie conoce», «Toda la ciencia de la vida está en simplificar las pasiones humanas y reducirlas a proporciones naturales».
Este texto, publicado originalmente en 1875, se publica por primera vez traducido al castellano, gracias a la editorial Gadir. La versión española, impecable y elegante, es obra de Elena Martínez Núñez, librera, traductora e intérprete formada en la Universidad Complutense de Madrid.
En fin, una novela muy recomendable, de muchos quilates, que es a la vez una obra intensamente romántica, una crítica social, un tratado de pasiones amorosas y un ejemplo de cómo la debilidad de carácter, la falta de autodominio y la exacerbación de las pasiones conducen indefectiblemente a la infelicidad y la desgracia. Una gran novela.
Giovanni Verga (Catania,
1840-1922) fue un escritor siciliano, considerado el representante más
genuino del llamado verismo, una corriente italiana que buscaba reflejar
personajes, situaciones y sentimientos reales, a menudo de las clases
bajas, por lo que adquirió un cierto tinte de denuncia social. Se le
puede llamar un naturalismo a la italiana y estaba influido por el
realismo de Balzac y el naturalismo de Zola.
Estudió Derecho en Catania, pero no llegó a obtener el título y prefirió dedicarse al periodismo y a la literatura. En 1865, se trasladó a Florencia,
capital política e intelectual de la nueva Italia unificada y, en 1871,
escribió Cartas de una novicia, novela con la que se dio a conocer al
gran público.
Un año más tarde se mudó a Milán
e inició una etapa en la que se acercó a los naturalistas
franceses. A partir de 1878, empezó a desarrollar un estilo innovador e
inconfundible, que dio lugar a sus obras más conocidas, como Los Malavoglia y Maese don Gesualdo, que le consagraron como uno de los escritores más influyentes
de la literatura italiana. En 1922, sufrió un ictus y, a los pocos
días, murió a causa de una hemorragia cerebral.
Publicado por Antonio F. Rodríguez.


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