domingo, 3 de julio de 2016

Vivian Maier: Street Photographer


Título: Vivian Maier: street photographer
Autora: Vivian Maier

Páginas: 128

Editorial: Power House

Precio: 39,90 euros 

Año de edición: 2011

En la madrileña sala de exposiciones que tiene la Fundación Canal en la Plaza de Castilla, al lado del antiguo depósito de agua, se expone hasta el próximo 16 de agosto una muestra fabulosa de fotografía de Vivian Maier (1926-2009), la llamada niñera fotógrafa.

Maier vivió en Nueva York, estuvo trabajando en Chicago durante unos cuarenta años cuidando niños y durante toda su vida estuvo haciendo fotos por las calles como aficionada. Fotos que no enseñó a nadie, que a veces no podía ni revelar por falta de dinero y que iba acumulando en su archivo, día tras día. 
 

No se casó, tuvo una vida solitaria y cuando murió todo ese material permaneció olvidado durante años en un almacén. Hasta que en el 2007, un coleccionista adquirió por 300 $ una colección de fotos que podría ayudarle a escribir la historia de su barrio y se encontró con un tesoro de más de 150 000 fotografías de Chicago, Nueva York, Los Ángeles y las ciudades a las que había viajado esta fotógrafa callejera, publicó en la red una selección y en muy poco tiempo la respuesta fué unánime: Vivian era una artista de primera fila.
 

La mayoría son fotos sin título, en blanco y negro, de gente de la calle, muchas de niños, algunos retratos impresionantes, edificios de la ciudad, efectos geométricos y un cierto número de autorretratos. Imágenes espléndidas, llenas de expresividad que parecen capturar la vida cotidiana en toda su complejidad y belleza. Destacan la composición, el encuadre y la habilidad para capturar el momento más significativo. Una maravilla. 


Os recomiendo que no os la perdías, vale mucho la pena vsitar esta exposición y para lo que no vivís en Madrid, al menos podéis visitar la página oficial de esta fotógrafa única: http://www.vivianmaier.com/.


Vivian Maier (Nueva York, 1926-2009), hija de refugiados judíos, francesa la madre, austríaco el padre, pasó su infancia en Francia y Estados Unidos. Cuando tenía cuatro años, su padre abandonó el hogar y durante un tiempo ella y su madre convivieron con una pionera de la fotografía, la surrealista Jeanne J. Bertrand. Es muy probable que de ahí surgiera su afición a la fotografía.

Con 25 años se fué a Nueva York y con 29 a Chicago, donde estuvo trabajando como niñera durante cuarenta años. Fotógrafa aficionada y casi en secreto, hizo miles de fotografía, de las que pudo revelar unas pocas por falta de dinero. VIajó sola y por su cuenta a Egipto, Bangkok, Tailandia, Taiwán, Vietnam, Francia, Italia e Indonesia.  
   
Alguien la describió así: «Era socialista, feminista, crítica de cine y campechana. Solía llevar chaqueta de hombre, zapatos de hombre y un sombrero grande. Estaba tomando fotografías todo el tiempo y luego no se las enseñaba a nadie».
           
Al final de su vida se quedó arrunada, pero los tres hermanos Ginsberg, a los que había cuidado de pequeños, le compraron un apartamento y cuidaron de ella hasta que a los 83 años, se resbaló en el hielo, se dió un golpe en la cabeza y falleció. 
 
Vivian Maier 

Fotos  © Vivian Maier/Maloof Collection, Courtesy Howard Greenberg Gallery, New York
  
Publicado por Antonio F. Rodríguez

sábado, 2 de julio de 2016

¡Que nos cierran la Facultad de Filosofía!


Leo con estupor que el rectorado de la Universidad Complutense de Madrid contempla entre sus planes el cierre de la Facultad de Filosofía:


Hace años que la Filosofía sufre el acoso de la clase política española, que ha reducido muy notablemente su presencia en el bachillerato, no sea que nuestros alumnos aprendan a pensar por sí mismos y a ser críticos.

Por cierto, si alguien quiere firmar una petición para tratar de remediar el desastre filosófico de nuestro sistema educativo, puede hacerlo en este enlace

Esa Facultad de Filosofía ha resultado clasificada entre las 100 mejores del mundo, concretamente la número 33, en la sexta edición del QS World Universities Ranking. El edificio actual, de estilo modernista, data de 1933 y tuvo que ser reconstruido después de la Guerra Civil porque había quedado destrozado. 

Ahora parece que la idea es convertirla enn un Departamento de una Facultad de Filología ampliada, con lo que carecerá de capacidad de gestión y planificación propias, perderá visibilidad, impotancia y verá sus recursos mermados.

Como dijo el rector de la Universidad de Cervera delante del absolutista Fernando VII, «Lejos de nosotros la funesta manía de pensar». No puedo evitar recordar el famoso prólogo, que hizo que el libro estuviese prohibido durante el franquismo, de la maravillosa «Álgebra» del francés Roger Godement (El Havre, 1921), publicado en Francia en 1967 y que tuve la suerte de poder estudiar años más tarde. Aquí tenéis un fragmento:

«Aún a riesgo de provocar en algunas personas los sentimientos de horror y consternación que Paolo Ucello ha pintado tan maravillosamente en “La Profanación de la Hostia”, es necesario que manifestemos, porque la cuestión se plantea cada vez más y más, nuestro desacuerdo con las numerosas personalidades que, en la actualidad, piden a los científicos en general y a los matemáticos en particular que formen los miles de técnicos que necesitamos, según parece, para sobrevivir. 
Tal y como están las cosas, nos parece que en las “grandes” naciones superdesarrolladas científica y técnicamente en que vivimos, el primer deber de los matemáticos, y de muchas otras personas, sería proporcionar cosas que no les piden: hombres capaces de reflexionar por sí mismos, de despreciar los argumentos falsos y las frases ambiguas, y a los ojos de los cuales la difusión de la verdad importe muchísimo más que, por ejemplo, la televisión planetaria en colores y en relieve: Hombres libres, y no tecnócratas-robot. Es tristemente evidente, que la mejor manera de formar a estos hombres que nos faltan no es enseñarles ciencias matemáticas y físicas, que son ramas del saber en que lo normal es aparentar que se ignora hasta la existencia misma de los problemas humanos, y a las que nuestras altamente civilizadas sociedades conceden, lo que debería parecer paradójico, el primer lugar. Pero incluso al enseñar matemáticas se puede, por lo menos, tratar de dar a las personas el gusto de la libertad y de la crítica, y habituarlas a verse tratadas como seres humanos dotados de la facultad de comprender».

Roger Godement, 96 años

Publicado por Antonio F. Rodríguez.  

viernes, 1 de julio de 2016

La muerte de Iván Ilich - León Tolstoi


Título: La muerte de Iván Ilich
Autor: León Tolstoi

Páginas: 134

Editorial: Juventud

 
Precio: 7 euros 

Año de edición: 2011

No había leído esta novelita del gran Tolstoi, era una de mis asignaturas pendientes, puse manos a la obra para remediarlo y me ha parecido sobrecogedora tanto por lo buena que es como por el tema que toca, la muerte. Hay quien dice que es su mejor relato.

Escrito en 1885, en plena madurez creativa, la tituló en un primer momento «La muerte de un juez» y cuenta la historia de un magistrado de provincias, su ascenso social, su vida vacía de sentido y finalmente su terrible hipocondría y miedo a la muerte, que es precisamente lo que le acaba matando. Crítica a la aristocracia y burguesía rusas, que tan bien conocía y pavor a morir son los dos  grandes temas de estas páginas, pero hay más ideas que se entrecruzan con delicadeza, como: la innata estupidez humana, la incomunicación, la dificultad para sentir y expresar sentimientos, la superficialidad de las clases altas, el encanto de los recuerdos de la infancia y una cierta compasión que acompaña al lector durante todo el tiempo.

Escrita con naturalidad, con el aspecto de una crónica objetiva, parece que cada palabra y cada frase están escogidas y sopesadas cuidadosamente porque todas insinuan algo, todas tienen algun trasfondo. Da la sensación de estar leyendo la novela de un gran escritor que no tenía más papel y seveía obligado a reflejar en unas pocas líneas todo lo que le bullía en la cabeza.

Y es inevitable hablar del gran tema, oscuro, terrible y negro, que domina el libro: el terror a morir. El miedo del propio autor que se recrea en ese agujero negro y conecta con nuestro propio miedo. Se ha escrito poco sobre el asunto y este es uno de los mejores textos sobre ello, inquietante ya la vez no tan siniestro como puede parecer a primera vista.  

Una novelita que es una obra maestra, un ejercicio de estilo prácticamente único, que se atreve a narrar la muerte desde dentro del protagonista. Su lectura es una experiencia única, muy recomendable para todo buen lector que se precie.

León Tolstoi

Leon Tolstoi (Yásnaya Poliana, 1828-1910) nació en una familia de la vieja nobleza rusa, sus padres eran condes. Comenzó a estudiar Derecho, pero abandonó muy pronto los estudios para acompañar a su hermano en la Guerra de Crimea. Allí comenzó a escribir y su experiencia en el frente le marcó profundamente. 

Cristiano, vegetariano, esperantista, anarquista y pacifista, llegó a cartearse con Gandhi, entonces en Suráfrica, para intercambiar ideas sobre la desobediencia civil. También se escribió con Rilke, Bernard Shaw, el zar Nicolás II y un montón de personalidades hasta llegar a escribir 10 000 cartas que se conservan en el Museo Tolstói de Moscú.

Era supersticioso y siempre que abría un libro por primera vez, lo hacñia por la página 28. A los treinta años, una osa le mordió en la cara durante una cacería. En su diario escribió simplemente: «Fuí a cazar osos, el 21 maté uno; el 22 otro me mordió».

Las obras completas de Tolstoi ocupan 90 tomos. Sus ideas sobre la no violencia activa influyeron a muchas personalidades, como Ghandi o Martin Luther King. Es uno de los grandes escritores de la literatura universal.

León Tolstoi, muy joven

Publicado por Antonio F. Rodríguez.