sábado, 30 de julio de 2016

Beethoven poeta

Famoso retrato de Beethoven pintado en 1820 por Joseph Karl Stieler

Aunque parezca mentira, de vez en cuando pueden verse en televisión programas interesantes y que valen la pena. Por ejemplo, viendo «This is opera», uno se entera de que cuando estaban los herederos de Beethoven buscando papeles tras su muerte, encontraron una apasionada carta de amor escrita a lápiz, probablemente en el verano de 1812, en un balneario, y dedicada a una amada inmortal, que no se sabe quién es:


6 de julio

En la mañana.
Mi ángel, mi todo,
mi mismo yo.


Solo unas pocas
palabras hoy, 
y en efecto con lápiz
(con el tuyo).


Mañana se va a decidir definitivamente sobre mis alojamiento,
qué inútil perdida
de tiempo.


¿Porqué este profundo dolor?
¿Cuándo habla la necesidad
puede nuestro amor existir
sino a través del sacrificio
de no pedir todo del otro?

¿Puedes cambiar el hecho,
de que tu
no seas completamente mía,
y yo no completamente tuyo?

¡Oh, Dios!
Mira la hermosa naturaleza
y consuela tu alma
con todo lo que debe ser. 

El amor lo pide todo completamente y con razón.
Así es para mí contigo,

para ti conmigo.

Solo que olvidas
tan fácilmente, 
que yo debo vivir para mí y para ti, 
si estuviéramos
completamente unidos, 
tu sentirías este dolor
tan poco como yo.


Mi viaje fue aterrador.
Llegué aquí a las cuatro
de ayer a la mañana.


Como faltaban caballos,
el cochero eligió otra ruta,

pero qué horrible camino.

En la penúltima
posta me advirtieron
acerca de viajar de noche,
tratando de asustarme de un bosque,
pero esto solo me pareció un desafío

y estuve  equivocado, el carruaje tenía
que romperse
en tal terrible ruta.

Una ruta de lodo sin fondo
y sin postillones como tenía, 
hubiera quedado atascado en el camino.

Esterhazy en la otra
ruta de costumbre
tuvo la misma suerte
con ocho caballos,

que yo con cuatro.

De todos modos tuve
alguna satisfacción,

como siempre, cuando tengo la fortuna
de superar con éxito algo.

Ahora rápidamente,
al interior desde el exterior.
nosotros probablemente nos veremos pronto.

Hoy todavía no puedo
transmitirte los pensamientos
que tuve durante estos
pocos días acerca de mi vida.

Si estuvieran
nuestros corazones siempre juntos y
unidos, yo por supuesto, no tendría nada que decir.

Mi corazón está lleno de tanto
para decirte. 
¡Oh ! hay todavía momentos en los que encuentro
que la palabra no es nada
en absoluto.


Alégrate,
permanece mi fiel y único
tesoro, mi todo, como yo para ti
el resto los dioses deben
comunicarnos lo que deba
ser para nosotros.


Estás sufriendo,
mi queridísima criatura.
Ahora me doy cuenta
que las cartas deben ser despachadas
muy temprano en la mañana.
Lunes y jueves son
los únicos días en los cuales
el correo va de aquí hasta allí.


Estas sufriendo
¡Oh! donde sea que estoy, 
tú estás conmigo.

Me digo a mi y a ti, 
arréglalo
para que pueda vivir contigo.
¡Qué vida! ¡ Cómo es ahora!


Sin ti,
perseguido por la amabilidad
de la gente aquí y allí,
que ni quiero
merecer ni merezco.

La humildad
del hombre hacia el hombre

me lastima
y cuando me veo a mi mismo

en el marco
del universo
qué soy yo y qué es Él

a Quien uno
llama el Mas Grande.


Y aun así
aquí está
otra vez la chispa divina
en el hombre.


Lloro cuando pienso
que probablemente
no recibas las primeras
noticias de mi hasta el sábado.

Por mucho que tu  me ames,
yo te amo más
y más profundamente,
pero nunca te escondas de mi.

Buenas noches.
Como estoy tomando los baños debo irme a dormir.
¡Tan cerca y tan lejos! 
Es nuestro amor un verdadero
edificio celestial,
pero también un palacio firme, 
como el firmamento.

Mientras estoy aun en la cama 
mis pensamientos
se lanzan a si mismos hacia ti.
Mi amada eterna,
a ratos alegre y 
otras veces triste,.
esperando al destino.


Si éste nos otorgará una resolución favorable...
Yo solo puedo vivir ya totalmente contigo 
o no viviré.

Si he resuelto
vagar sin rumbo
en la distancia, hasta que
pueda volar a tus brazos
y pueda considerarme
enteramente en casa contigo
y pueda enviar mi alma
abrazada por ti
al reino del espíritu.


Si, infortunadamente así debe ser.
Tu debes dominarte más
al conocer mi fidelidad a ti, 
nunca puede otra
poseer mi corazón,
nunca, nunca.


¡Oh, Dios ! ¿porqué
tener que separarse uno mismo,
de lo que uno ama tanto?


Y así mi vida en V (Viena) como es ahora
es una vida miserable.

Tu amor me hace el hombre más feliz
y el más infeliz
al mismo tiempo.


A mi edad debería
tener cierta estabilidad
regularidad en mi vida

¿puede eso existir en nuestra
relación?

Ángel, ahora mismo
escucho que el correo
va todos los días
y por lo tanto
debo terminar, de modo que tu
recibas la carta inmediatamente.


Permanece calmada, solo a través
de la tranquila contemplación de nuestra
existencia podremos
alcanzar nuestro objetivo
de vivir juntos.


Sé paciente,
ámame
hoy,
ayer.

¡Qué doloroso anhelo de ti!
De ti
de ti
tu
tu, mi amor
mi todo
adiós.

¡Oh, continua amándome!

Nunca juzgues mal al más fiel
corazón de tu amado.


Siempre tuyo
siempre mía
siempre nuestro.
 


Un apasionado mensaje entre el género epistolar y el poema, que quizás guardaba para utilizarlo como letra en una posible ópera o como recuerdo de lo que sintió un día, pero que en cualquier caso, resulta emocionante leer. 

Ludwig van Beethoven (Bonn, 1770-1827) nació en una familia modesta, su padre era un director de orquesta alcohólico y su madre tenía una salud muy delicada. Su padre se empeñó en que fuese un niño prodigio y lo consiguió. Se dedicó a darle clases intensivas de piano por las noches y a los siete años, Ludwig dió su primer concierto de piano. A los once publicó su primera composción, fué alumno de Haydn, el  «padre de la sinfonía», y a los 17 años, murió su madre y tuvo que mantener a su padre alcoholizado y a sus hermanos tocando el violón en una orquesta y dando clases de piano.

Mantuvo varios duelos de piano, un espectáculo popular en la Viena de aquella época. Alguno de ellos lo ganó improvisando y mejorando sobre la marcha la partitura que debía tocar. A los 24 años estrenó su primera composición importante y a los 30, su primera sinfonía. Al año siguiente vió con desesperación que se estaba quedando sordo e incluso pensó en el suicidio.

A pesar de su creciente sordera fué capaz de componer ocho sinfonías más, sonatas, cuartetos, misas, una ópera, conciertos para piano y multitud de piezas con las que alcanzó una enorme popularidad. 

Trabajador incansable y obsesivo, repasaba una y otra vez las partituras, las modificaba, tachaba y llenaba de notas a lápiz, de manera que a veces resulta muy difícil saber cuál es la versión definitiva. Se encerraba en su estudio a trabajar en interminables sesiones en las que ni comía ni bebía, ni tampoco iba al servicio, porque orinaba en una palangana que guardaba debajo del piano.

Componer no era para él una actividad placentera ni agradablle. Sufría, se esforzaba, se mantenía siempre en tensión exigiéndose más y más a sí mismo, en un proceso atormentado y obsesivo. De carácter apasionado, fuerte e irascible, hay quien sostiene que padecía un trastorno bipolar. Nunca se casó, pero vivió varios romances apasionados, se enamoró muchas veces y muchas veces sufrió desengaños y desprecios. Fué el primer compositor romántico y también el primer artista que no admitía fácilmente encargos de sus mecenas y componía lo que quería, cuando quería y como quería.

Comprometido con los ideales de la Revolución Francesa (libertad, igualdad, fraternidad), su «Himno a la alegría», Cuarto movimiento se su Sinfonía nº 9, la última, es un canto a los Derechos humanos. Es uno de los grandes compositores de la Historia de la música, quizás el más grande, y desde luego, el más popular.

 
Publicado por Antonio F. Rodríguez.

viernes, 29 de julio de 2016

El testamento de un bromista - Jules Vallès


Título: El testamento de un bromista
Autor: Jules Vallés

Páginas: 95
 

Editorial: Periférica
 

Precio: 12 euros 
   
Año de edición: 2006

Esta novelita, publicada en 1869 por entregas, describe la infancia  del autor, es de suponer que algo deformada por el recuerdo y las libertades que se toma siempre un buen narrador para hacer más interesante la historia que cuenta y darle sentido. Pero no nos engañemos, lo que aquí se cuenta es verdad y es una verdad terrible: una infancia durísima bajo la cruel autoridad de unos padres que parecían odiarle.

Menos mal que el dramático relato se suaviza algo gracias a la ligereza con la que se cuenta y a un humor negro y feroz, pero humor al fin y al cabo, con el que este revolucionario impenitente se ríe de sí mismo y de sus sufrimientos. La lectura es entre terrible y divertida, el lector no puede evitar reírse y disfrutar, a la vez que siente remordimientos por pasárselo bien con el relato de una infancia desgraciada. En fin, una experiencia muy curiosa.

En cualquier caso, hay pasajes que brillan con una calidad literaria de muchos quilates. Son párrafos que demuestran que Vallès tenía madera de gran escritor. La descripción del profesor de tercero de secundaria es genial, la visita al parlamento es un pasaje desternillante, lleno de humor vitriólico, y de vez en cuando uno se encuentra con retratos espectaculares, hechas con dos frases que dibujan perfectamente a un personaje.

Finalmente, el protagonista de esta novela se convierte en revolucionario a los 14 años, así que ya no queda duda de que es un trasunto del propio autor.

Una novela corta excelente, dura, directa y rebosante de humor un poco salvaje, que retrata a una época y a un escritor maldito y revolucionario, que tuvo una vida tan atrabiliaria como la que aquí se cuenta. Este hombre es un verdadero descubrimiento, un autor sorprendente que os recomiendo por lo interesante que resulta conocer su vida y por su innegable talento literario. 

Jules Vallés (Le Puy-en-Velay, 1832-1885), periodista, escritor y revolucionario, era hijo de un maestro y a pesar de ue tuvo una infancia difícil fué siempre un buen estudiante que sacaba buenas notas, tan buenas que su madre creía que las falsificaba.

Sus padres le enviaron a París a estudiar, pero él se dedicó a frecuentar grupos revolucionarios mientras hacía como que estudiaba y se dedicaba de lleno al periodismo comprometido. Participó en un levantamiento contra Napoleón III, sus padres le ingresaron en un manicomio en Nantes, se escapó, entró a trabajar en «Le Figaro», se presentó como candidato al parlamento, fué encarcelado varias veces por alterar el orden público... vamos que no paraba.

Fué uno de los cabecillas de la Comuna de París y de la revolución de 1871, por lo que fué condenado a muerte y tuvo que huir a Inglaterra. Pudo volver a París en 1880 gracias a una amnistía general, volvió a ejercer el periodismo y la agitación social, y solo cinco años después falleció de diabetes.
                       
Jules Vallés, un chico difícil

Publicado por Antonio F. Rodríguez.