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jueves, 7 de febrero de 2019

Moby Dick - Herman Melville


Título: Moby Dick
Autor: Herman Melville
  
Páginas: 712
  
Editorial: Penguin

Precio: 10,95 euros

Año de edición: 2018
 
Después de un largo paréntesis, vamos a retomar la Lista Savater de recomendaciones para fijarnos en una de las mejores novelas que pueden leerse: «Moby Dick».

Esta monumental novela, publicada en 1851, es una gran desconocida porque muchas veces lo que se lee son versiones reducidas y adaptadas para chicos y en otras ocasiones, este libro se lee siendo muy niño, cuando uno no puede apreciar toda su belleza, su amplitud y su profundidad.

Yo la leí siendo un chaval, con trece o catorce años, en la versión abreviada de la colección Historias Selección de la editorial Bruguera y me encantó la historia de aventuras que cuenta y el exotismo de los personajes. Luego la he leído con más calma y es una novela enorme, con el empaque y la fuerza de un clásico. Hay ocasiones únicas en las que un autor conecta con el imaginario colectivo, explota todo lo que tiene su inconsciente y produce el mito que todo necesitábamos que alguien nos contase.

Eso es, entre otras muchas cosas, Moby Dick, el mito de una ballena albina, monstruosa y maligna, símbolo de la naturaleza que se rebela y se sacude el yugo del hombre, del mal por ser algo salvaje, indómito y peligroso, incluso de la divinidad, de lo enorme e inconmensurable. También es la historia de una obsesión autodestructiva, un tratado muy completo de la pesca de la ballena y una novela extraordinaria, que arranca con un inicio que es, para mi gusto el mejor que conozco, «Llamadme Ismael».

Es un libro lleno de símbolos y alusiones bíblicas, que admite muchas interpretaciones y puede verse desde muchos puntos de vista. Una novela que es una auténtica sinfonía de la palabra, con sorpresas y puntos de giro que hacen crecer la trama cada vez que parece que se va a agotar el interés de la historia y un final impactante, de un efecto dramático tremendo.

Por último, la planificación es perfecta. El autor tarda muchas páginas hasta mostrarnos al capitán Ahab, después de haber modelado una fuerte expectativa al hacer hablar a varios personajes sobre él e incluso al describir el rítmico golpeteo de su pierna hecha de hueso de ballena sobre la cubierta del barco cuando paseaba. Más tiempo aún tarda en aparecer la sobrecogedora ballena blanca, deslumbrante en su hermosura y maligna como el diablo. La trama está salpicada además de varios puntos de giro que mantienen e impulsan el interés del lector. La estructura del guión de la historia es muy buena.

Si no habéis leído esta obra maestra, os recomiendo que la disfrutéis, lentamente, sin prisas. Que os embarquéis con Ismael en el Pequod y disfrutéis de la travesía. Y si la leísteis hace años, os aconsejo que la releáis porque descubriréis un montón de cosas que quizás os pasaron desapercibidas.

Está inspirada en dos casos reales: el naufragio del Essex, embestido por una ballena gigantesca, del que ya hemos hablado aquí, y el caso de un cachalote blanco avistado en la Isla de Mocha, en el sur de Chile, en el siglo XIX y llamado «Mocha Dick». Era un animal que escapó de varios intentos de caza a lo largo de cuarenta años, por lo que llevaba varios arpones clavado en el lomo y que embestía con agresividad a los barcos que se le acercaban.

Se han hecho multitud de versiones cinematográficas de esta historia eterna, mi favorita es la película dirigida por John Huston en 1956, protagonizada por Gregory Peck y con guión de Ray Bradbury.

 
           
Herman Melville (Nueva York, 1819-1891) fué un famoso escritor estadounidense y un lector voraz y empedernido. Su familia paterna estaba lejanamente emparentada con la realeza británica y su familia materna era descendiente de uno de los primeros colonos holandeses que poblaron Nueva York y de un héroe de la independencia de los Estados Unidos.

Su padre se dedicaba a la importación, pero se arruinó y varios días después, se suicidó, con lo que dejó mujer y ocho hijos en la indigencia. Herman era el segundo hermano mayor, tenía catorce años y debía contribuir al sostenimiento de la familia. Fué empleado de banca, maestro y finalmente, como no ganaba mucho dinero, se enroló como marinero dos veces, esperando hacer fortuna.

En la segunda ocasión, fué en un ballenero y vivió un buen número de peripecias: se fugó de un barco, cayo en manos de una etnia caníbal, que curiosamente le respetó, fué desembarcado en una isla por amotinarse junto a otros compañeros... en total pasó casi cuatro años dando vueltas por ahí y conoció tres balleneros distintos.

Cuando volvió a casa, tenía muchas batallitas que contar y como vió que le gustaban a la gente, decidió empezar a escribirlas. Su primer libro de memorias, titulado «Typee» (1846), tuvo mucho éxito. Publicó un total de catorce novelas, todas muy exitosas salvo «Moby Dick», que fué un fracaso tan sonado que le afectó psicológicamente. Después de su muerte comenzó a valorarse y hoy en día está considerada una verdadera obra maestra de la literatura mundial.
                      
Herman Melville

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

La línea de sombra - Joseph Conrad


Título: La línea de sombra 
Autor: Joseph Conrad 

Páginas: 168 

Editorial: Alianza

Precio: 9,50 euros 

Año de edición: 2016

Hoy La antigua Biblos se viste de gala para hablar de un grande, de un clásico, del polaco que redactaba en inglés mejor que los británicos, del capitán que vivió mil y una aventuras reales, del hombre tímido y retraído que encontró en el mar el amor de su vida. De Joseph Conrad, uno de los grandes, que aprendió todo lo que sabía leyendo a Shakespeare y capitaneando barcos por los siete mares.

Estamos ante una obra de madurez, escrita a los 58 años, una novela sobre el paso de la adolescencia a la madurez, esa época en la que se deja definitivamente atrás la niñez y uno toma decisiones radicales, a veces sin saber por qué, quizás solo para reivindicarse como persona independiente y libre, solo para diferenciarse de los demás y de los que se espera de nosotros. 

Ése es la casilla de salida en la que el autor coloca al protagonista, que no hay que ser un lince para identificar como el propio Conrad de joven, que a partir de ese momento entrará en la vida de los adultos, la vida de verdad y la madurez. ¿Y qué significa esa nueva etapa? Pues problemas, dificultades y situaciones comprometidas que ponen a prueba su temple y su saber hacer. En su primer empleo como capitán de un barco mercante, el joven protagonista tensdrá que hacer frente a las peores pesadillas de un marino.

Eso es la madurez para el autor, enfrentarse a problemas de vedad, como la única manera de aprender y crecer, olvidado ya cualquier manto protector, como el que extienden los adultos sobre la infancia. Una frase resume el tema del libro: «Por regla general, experiencia significa siempre algo desagradable y contrapuesto al encanto y la inocencia de las ilusiones».

Y toda esa historia, plagada de anécdotas y peripecias, está narrada con una elegancia exquisita, un lenguaje cuya armonía original se nota incluso después de haber sido traducido al español. Y un aparente sencillez, muy engañosa, que es una de las señales que delata al escritor que conoce realmente su oficio en profundidad.

No os perdáis ninguna de la novelas de Conrad, son verdaderas lecciones sobre cómo escribir bien, con distinción, propiedad, precisión, objetividad y capacidad de penetración. Una auténtica maravilla.
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Joseph Conrad a los 17 años, cuando se atraviesa la línea de sombra

Joseph Conrad (Berdyczów, 1857-1924) está reconocido como uno de los mejores prosistas en inglés y eso que no era su lengua materna. Nació en un pueblo de Polonia, ahora en Ucrania, en una familia de la baja nobleza. A los 12 años se quedó huérfano y a los 17 se fugó de casa para enrolarse en el Mont Blanc, un barco mercante francés. Eso cambió su vida, porque allí descubrió la gran pasión de su vida: el mar y la navegación.

Surcó los siete mares y a los 20 años, para evitar el servicio militar obligatorio ruso, se enroló en un barco británico y adoptó esa nacionalidad. Como entretenimiento se dedicó a leer las obras completas de Shakespeare, lo que le permitió tener a los 21 años un dominio del inglés insólito. Está considerado como uno de los mejores prosistas en esa lengua, a pesar de su origen polaco, y uno de los clásicos ingleses más valorados.

De todas maneras, no lo entiendo. Yo también leí al bardo inglés con menos de 20 años y además a Cervantes, Homero, Dumas y Salgari y sin embargo no escribo como Conrad ni de lejos. El método falla. ¿Habrá además que ser polaco?

Volviendo a este escritor genial, era una persona solitaria, distante y muy tímida. Exploró como nadie la vulnerabilidad y la inestabilidad del ser humano. Al final de su vida pasó alunas dificultades económicas debido a su afición al juego.      

Joseph Conrad, ya mayor

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

viernes, 13 de julio de 2018

Sandokan - Emilio Salgari


Título: Sandokan 
Autor: Emilio Salgari 

Páginas: 146 

Editorial: Editorial Gahé 

Precio: 4,90 euros 

Año de edición: 1972 

Bueno, «Sandokan» es un libro muy especial para mí, porque es uno de los primeros que he leido. De pequeño fuí un niño que se ponía malo de vez en cuando, en aquella época en la que podíamosponermos malos, con fiebre y no era raro pasar una semana o dos en cama, con paperas, anginas, bronquitos o algo parecido, jugando todo el día y la verdad, sin ir al cole y pasándolo de miedo. Los niños de hoy en día no saben lo que se pierden.

Pues cuando tenía unos diez años, en una de esas maravillosa enfermedades interminables, mi tío me llevó esta edición de Sandokán de la editorial Gahé, con una estupenda portada ilustrada a todo color, para amenizar mis largas tardes de enfermedad. Hasta entonces, yo había leído muchos tebeos y las viñetas de un buen número de libros de la colección Historias Selección de Bruguera, aquellos libros que intercalaban una página de historieta por cada dos o cuatro de texto y con este libro descubrí todo un mundo. Empecé a leerlo, me enganchó rápidamente y ya no pude soltarlo hasta que lo acabé. Me gustó muchísimo, lo leí varias veces y fué uno de mis primeros libros fetiche.

La editorial Gahé tenía entonces una tienda en la Calle Islas Filipinas de Madrid con una gran cristalera en la que se veía una buena selección de quince o veinte títulos de la colección que publicaba todos los libros de aventuras de Salgari. Para mí aquello era como una tienda de golosinas; con el paso del tiempo fuí comprando poco a poco y devorando los títulos de la serie de «Los tigres de Mompracen», «El Corsario Negro», «Los pescadores de perlas» y muchos otros. Pero para mí, Sandokan siepre será el principio de todo.

Es un libro muy fácil de leer, con cierto sesgo romántico de la mano de temas clásicos como la libertad del pirata, su rebeldía, su enfrentamiento contra el sistema, su temeridad, su orgullo, su generosidad y su independencia. Sandokan es un idealista y un romántico.

La acción es trepidante, las descripciones y los diálogos son cortos y el autor va siempre directamente a lo que le interesa, lo que es muy de agradecer para un lector novel. Sabe crear complicidad con lector, halagarle y contarle una buena historia con todos los ingredientes de las aventuras con las que sueñan los niños cando juegan, en eso Salgari es un maestro.

En fin, un clásico de la novela de aventuras, que despierta entusiasmos incondicionales. Un libro ideal para fomentar la lectura e iniciar en ese noble vicio a adolescentes y preadolescentes. Por ese tipo de libros es por los que hay que empezar, no por los de Calderón de la Barca, Lope y Quevedo, como se hace demasiado a menudo en el colegio. Esos autores son un plato demasiado fuerte para las mentes tiernas de los chavales y es mejor disfrutarlos más adelante. Para eso siempre hay tiempo.

Emilio Carlo Giuseppe Maria Salgari (Verona, 1862-1911), conocido simplemente como Emilio Salgari, fué un escritor italiano de libros de aventuras ambientados en los países y épocas más exóticos, como Malasia, el Caribe, México, el desierto africano, la selva ecuatorial o Damasco. Describió paisajes impresionantes, llenos de frondosa vegetación y fieras peligrosas, en un derroche de imaginación, porque nunca pudo visitar esos países.

Sin embargo, logró describirlos de manera tan convincente, que sus libros han gozado de una popularidad enorme, sobre todo durante el siglo XX, como le ocurrió a Julio Verne. Curiosamente, si la percepción no es inocente ni pasiva, si percibimos lo que esperamos percibir y el lenguaje conforma nuestro pensamiento, esos dos simpáticos fabuladores y mentirosos se inventaron realmente los paisajes exóticos y en cierta medida, convencieron a mucha gente de que eran como ellos decían.

Nació en una familia de pequeños comerciantes, estudió para obtener el título de capitán de barco. Aunque supo disimularlo muy bien, su experiencia marinera se redujo a un viaje por mar de tres meses por el Mar Adriático en un barco mercante.

Autor muy prolífico, publico 84 novelas y un buen número de relatos, que alcanzaron un éxito enorme y han hecho felices a ratos a varas generaciones de niños y adolescentes. 

En 1889 se suicidio su padre y la tragedia desencadenó una cadena de suicidios espeluznante, primero el mismo Emilio Salgari y luego, sus dos hijos se quitaron de en medio. Él se hizo el harakiri, arruinado y sin dinero, incomprensiblemente dado el éxito que tenían sus libros.

Emilio Salgari

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

martes, 15 de mayo de 2018

Cumandá - Juan León Mera

                 
Título: Cumandá
Autor: Juan León Mera
 

Páginas: 296
 

Editorial: Cátedra
 
Precio: 12,25 euros 
 
Año de edición: 2005

Publicada en 1879 en Ecuador y en Madrid en 1891, ésta es la primera novela ecuatoriana, una obra que tuvo mucho éxito desde un primer momento y fundó toda una literatura.

Subtitulada «Un drama entre salvajes», narra los atribulados amores entre una bella indígena de la etnia zápara, Cumandá (que significa cormorán blanco) y el blanco Carlos Orozco. Con una trama llena de giros y sorpresas, se sitúa entre la novela de aventuras y la novela sentimental, el romanticismo y el indigenismo típico del continente americano.

Entonces no se conocía muy bien la zona oriental del país, selvática y poco explorada; se sabía poco sobre los zácaras y los jíbaros, con fama de terribles y peligrosos, y a los habitantes de esa zona se les conocía como salvajes, lo que denota la diferencia cultural y social entre los indígenas y los colonos de país.

En ese contexto se cuenta esta historia, guiada por el hilo conductor del amor imposible y perseguido de la india y el blanco. Es interesante que la protagonista absoluta es la chica, ejemplo de bondad y dulzura, pero también de carácter, fuerza y voluntad indomable. Ella se enfrenta a su familia, su tribu y al mundo entero por su amado, es una verdadera heroína. Él desempeña un papel casi pasivo, noble y valiente, pero claramente secundario ante el trueno de enamorada que se ha echado.

El autor describe en largos párrafos el paisaje y la selva ecuatoriana, en pasajes tan frondosos y exuberantes como el país que retrata, con amenidad, aliento poético y de manera brillante, que no se hace pesada en ningún momento. Volcanes, picos, bosques y grandes ríos pasan por estas páginas con fuerza evocadora.

También se recogen descripciones de las costumbres y usos de los zácaras, hasta cierto punto pacifistas, y los jíbaros, guerreros insaciables. No deja de llamar la atención el contraste entre los salvajes indios, que parecen culpables de todo y, salvo la bella Cumandá, el paradigma de la barbarie, y los civilizados, blancos, católicos y nobles, una situación que se resumen en una frase: «La culpa era de los conquistadores, pero el inhumano proceder, de los indios».

La historia de amor se enmarca en el romanticismo, el padre de la chica odia a los blancos, hay tres intentos de asesinato, condenas a muerte, huidas, persecuciones, matrimonios a la fuerza, secuestros, huidas, un amor imposible y desgraciado, muertes súbitas, sacrificios y una paternidad oculta que se desvela en el desenlace. Una novela movidita con todos elementos suficientes para componer el más desaforado drama romántico.

Toca además los temas fundamentales de la cultura del XIX en el Nuevo Mundo: la dialéctica entre el salvaje terrible y el buen salvaje, la confrontación naturaleza/civilización, la asimilación rápida de los valores del conquistador (catolicismo, supremacía blanca solapada y cultura europea) y la mixtura de dos culturas muy diferentes, con su riqueza y su problemática.

La estructura es clásica y ordenada. Primero se presentan y describen sucesivamente el país, las tribus que lo habitan, las tribus, la familia de la protagonista y la bella Cumandá. Luego comienza la trama que es como una montaña rusa de alternativas y sorpresas y finalmente, el desenlace del drama.

Una novela muy interesante, que se deja leer muy bien, escrita con un estilo potente y lleno de riqueza lingüística, que no llega a ser barroco. Un libro que inaugura toda una literatura y que recibió el aplauso de la crítica y los lectores nada más aparecer. León Mera la envió al presidente de la Real Academia de la Lengua de España, que le dió su beneplácito y ayudó a que se publicase en la Madre Patria. 

Juan León Mera (Ambato, 1832-1894) fué un escritor, pintor y político ecuatoriano. Su padre, un comerciante, abandonó a su madre durante el embarazo. Su infancia fué muy humilde, fué criado por su madre y educado en casa por su tío abuelo. A los veinte años, viajó a Quito para aprender a pintar, su primera vocación.

También le llamó la literatura y a los veintidós años publicó sus primeros poemas en el diario «La Democracia». Hombre con iniciativa y talento, hizo casi de todo en su país: compuso la letra del himno nacional, fundó la Academia Ecuatoriana de la Lengua, fue gobernador de la provincia de Cotopaxi, senador, presidente de la Cámara del Senado y del Congreso Nacional.

Escribió además  poesía, ensayo y siete novelas, entre las que se encuentra «Cumandá», la primera novela ecuatoriana, sobre la que hay una versión cinematográfica, una ópera y un ballet.
             
Juan León Mera
           
Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

lunes, 7 de mayo de 2018

Las tremendas aventuras del Comandante Gahagan - William M. Thackeray


Título: Las tremendas aventuras del Capitán Gahagan
Autor: William M. Thackeray
 
Páginas: 217

Editorial: Mr. Griffin
 
Precio: 18 euros
 
Año de edición: 2015

No conocía esta novela clásica de aventuras, escrita por el gran Thackeray en 1838 y la verdad es que me ha encantado y me lo he pasado muy bien leyéndola. 

Es un libro muy divertido, que narra en primera persona las increíbles y disparatadas aventuras del Comandante Gahagan, llamado «el mataelefantes», prototipo del irlandés fanfarrón, encantado de conocerse, algo bravucón y matasiete, trapisondista y algo fullero, en fin, un pelirrojo incorregible. Un personaje garrafal y desmedido, digno seguidor del Barón de Munchausen y predecesor de Harry Flashman, pero creo que mucho más hilarante que ambos.

El autor, ya puesto y metido en faena, satiriza con mucho amor a los ingleses y su carácter, sus costumbres, a los españoles, al estamento militar, a los hindúes y a todo el que se le pone por delante.

Se aprenden muchas cosas de la época leyendo esta deliciosa maravilla, esta sinfonía para el intelecto: qué es el Pollo a la Austerliz; que había unas calzas masculinas tan ajustadas que eran innombrables, pero no imponibles; cómo un solo hombre puede ganar una batalla; que los viajeros de paso podían hacer detener su barco para visitar a Napoleón en Santa Elena; que los patanes son afganos; qué son los camellos bactrianos, etcétera. 

Se supone que son unas memorias escritas en papel de cartucho y sobre un barril de pólvora. Están llenas de incoherencias, parece que están escritas de un tirón y al autor no le importaba, probablemente para mostrar las contradicciones del protagonista. Las notas del traductor añaden comicidad a una historia ya de por sí desternillante, porque parece que Thackeray no sabía mucho español y usa podestá en lugar de posada, tertulia en lugar de sangría, muchachas en lugar de chanzas... un desastre que sospecho el autor dejo así a propósito para completar el retrato trafullero y poco consistente de su protagonista.

El texto está trufado de citas, referencias y homenajes, a menudo equivocadas y con errores groseros debidos a la escasa cultural de nuestro querido comandante. El libro se lee en un suspiro, se me ha hecho cortísimo y puedo asegurar que es muy cómico, ligero y chispeante. Una verdadera delicia, una maravilla que cualquier aficionado a la lectura debería conocer. Divertidísimo.

La edición está bellamente ilustrada con los grabados de la primera publicación, a cargo del ilustrador irlandés Henry Furniss.

William M. Thackeray (Calcuta, 1811-1863) fué un escritor británico. Nació en una familia de funcionarios angloindios y se quedó huérfano de padre a los cinco años. Viajó a Inglaterra a estudiar y se formó en el Trinity College de Cambridge, pero dejó colgados los estudios para viajar por toda Europa. Luego empezó Derecho, pero también lo dejó al recibir una cuantiosa herencia, con la que fundó el National Standard.

Viajó a París a aprender a dibujar, y estuvo dedicándose a la caricatura y el periodismo durante varios años, y finalmente empezó a publicar novelas por entregas. Así escribió varias obras maestras, como «La feria de las vanidades». Está considerado el segundo mejor escritor británico de la era victoriana después de Dickens.
               
Daguerrotipo de William M. Thackeray (1855)

Publicado por Antonio F. Rodríguez.