Título: El verano de Cervantes
Autor: Antonio Muñoz Molina
Páginas: 448
Editorial: Seix Barral
Precio: 22 euros
Año de edición: 2025
El Quijote es una de las grandes novelas de la historia de la literatura, en mi opinión, la más grande, grandeza que resulta contagiosa en cierta medida y hace que buena parte de las obras que se escriben sobre ella sean de gran interés. Eso es lo que le ocurre al texto que nos ocupa, un ensayo rico y jugoso, muy interesante, evocador y sugerente, que se lee muy bien a pesar de que pasa sobradamente las 400 páginas.
Por suerte para nosotros, Muñoz Molina parece haberse acostumbrado a escribir este tipo de libros, ensayos muy personales mezcla recuerdos, ideas, referencias culturales, citas y reflexiones alrededor de un tema que le preocupa o que le atrae. En este caso se sumerge en una de sus pasiones más gozosas, la lectura de las aventuras del Caballero de la Triste Figura. El título proviene del hecho de que el autor dedicó varios veranos ociosos de su infancia, siendo todavía un niño y de vacaciones en el pueblo, a disfrutar de la novela de Cervantes. Desde entonces, ese texto ha estado unido al verano para él, máxime cuando resulta que la acción de las dos partes de la obra se desarrolla precisamente en esa estación. Don Quijote y Sancho salen siempre en época estival, cosa curiosa, cuando La Mancha es más que nunca un páramo calcinado por el sol.
El autor mezcla algunos recuerdos de su niñez con explicaciones de pasajes de la novela, reflexiones e interpretaciones, hasta completar un texto que bien puede servir de introducción al original cervantino y además está plagado de ideas y ocurrencias interesantes. Por ejemplo, realiza comparaciones sugerentes con los Ensayos de Montaigne, escritos entre 30 y 17 años antes, con las grandes novelas de la picaresca española, con la obra de Proust y hasta con la pintura de Caravaggio. En este trabajo nos enteramos de: que el ingenioso hidalgo necesitaba público, tenía sentido dramático; que la novela está llena de violencia, mamporros, pedradas, descalabramientos... pero Alonso Quijano no mata a nadie; que no solo critica las novelas de caballerías, las pastoriles también quedan ridiculizadas; que mezcla cien géneros, poesía, relato, novela sentimental y por supuesto, las ya mencionadas novela pastoril y de caballería; que la primera parte es más experimental e improvisada, mientras que la segunda es más madura y planificada; que está lleno de metaliteratura; que los personajes cervantinos no son lineales, sino complejos y llenos de contradicciones, como ocurre en la realidad; que es una novela preñada de novelitas, novelas cortas y pequeños cuentos; que El Quijote es como una pequeña enciclopedia plegada del mundo y d ela vida; que el pobre Don Miguell nunca alcanzó ni la gloria literaria ni la solvencia económica y eso le pesaba, y que la influencia de El Quijote es enorme y le encantaba a autores como Stendhal, Freud, Flaubert, Henry James, George Eliot, Turguéniev, Herman Melville, Balzac, Twain, Faulkner, Thomas Mann, Salman Rushdie... la lista es interminable.
El texto está escrito con sensibilidad exquisita, belleza y gran elegancia. Y la magnificencia del estilo típico de Muñoz Molina, digresivo, algo melancólico, intensamente emocional, estructurado en frases largas, a veces de una página, armoniosas y gramaticalmente intachables. Otros escritores van al grano directamente, este genial ubetense se aproxima lateralmente al tema en cuestión, lo rodea, lo explica y lo contempla desde los más variados puntos de vista en un juego que no es repetitivo, porque a poco a poco va añadiendo matices, facetas y aspectos diferentes hasta completar toda una pequeña galaxia de ideas.
En fin, una obra muy interesante, que equivale casi a un ciclo de conferencias sobre el clásico de Cervantes. El resultado de 10 años de notas que acompañaron las lecturas estivales de El Quijote. Un libro para leer despacio y sin prisa, como si estuviéramos de veraneo. Un ensayo para disfrutar, que bien puede servir como introducción y glosa del clásico cervantino, muy recomendable, especialmente para cervantistas y muñozmolineros.
Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956) estudió Historia del Arte en la Universidad de Granada y periodismo en la Complutense de Madrid. Volvió a Granada, se hizo funcionario y comenzó a escribir artículos en el Ideal, recopilados en su primer libro El Robinsón urbano. En 1986 apareció como un aerolito en el panorama literario con Beatus Ille, en mi opinión, su obra maestra.
Luego vinieron más novelas, muchos premios, el ingreso en la Real Academia en 1995 y la Dirección del Instituto Cervantes en Nueva York entre 2004 y 2006, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2013, y una larga lista de 22 galardones. Está casado con Elvira Lindo. Es un buen usuario de las nuevas
tecnologías y, según ha confesado él mismo, insomne, depresivo y
perseguido por los ruidos de Madrid. Es un gran aficionado a la música y escribe habitualmente en Scherzo. A mí me gustan tanto sus libros como sus artículos y sobre todo su manera de contar historias. Hemos reseñado aquí varias de sus obras, hasta ahora un total de 21 novelas y 7 ensayos.
Tiene una estupenda página personal, que podéis ver aquí, muy recomendable, que incluye, entre otras cosas, una autobiografía muy buena.
Publicado por Antonio F. Rodríguez.


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