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lunes, 29 de febrero de 2016

El secreto de los Hoffman - Alejandro Palomas


Título: El secreto de los Hoffman
Autores: Alejandro Palomas
 
Páginas: 272

Editorial: Debolsillo
 
Precio: 7,95 euros 


Año de edición: 2009

Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) es de un tiempo a esta parte un escritor de popularidad creciente que, a diferencia de otros autores de éxito, siempre ha defendido los premios de carácter comercial. De hecho, en 2008 inscribió «El secreto de los Hoffman» al ya desaparecido Premio de Novela Ciudad de Torrevieja –en su momento el segundo galardón mejor dotado de la narrativa castellana, solo por detrás del Premio Planeta- y se hizo con la distinción de finalista. 

Se trata de una novela coral que reparte el protagonismo entre cuatro miembros de una misma familia y narra el misterio que encierran unos hechos que solo podrán ser descifrados a partir de sus cuatro testimonios contados en primera persona.

La familia Hoffman está formada por un abuelo, su hija y sus dos nietos. Recientemente han despedido a un ser querido, la abuela y esta pérdida no les traería mayores consecuencias, si no fuera porque reaviva en su memoria la existencia de Fernando, el padre de la familia, que tuvo un fatal desenlace. 

Las más de doscientas cincuenta páginas de la novela, que giran en torno al duelo y la inutilidad de los actos póstumos, se convierten en una reivindicación de la necesidad de corresponder en vida a los seres queridos y no esperar al final para saldar una deuda de afecto que siempre es mejor no dejar pendiente. 

Desde la publicación del éxito «Una madre», de la que no dejan de aparecer nuevas ediciones y, más recientemente, de su novela hermana, «Un perro», Alejandro Palomas es un escritor que se encuentra, cada vez más, en boca de los lectores de nuestro país, pero es innegable que este novelista ya tenía una trayectoria labrada con novelas ciertamente distinguidas, como esta que nos ocupa, «El secreto de los Hoffman», que llegó incluso a ser adaptada al teatro y se estrenó en 2009, y «El alma del mundo» que fue de nuevo finalista de otro premio tan importante como es el Premio Primavera.
  
Rulfo y Alejandro Palomas

Publicado por Jesús Rojas.

domingo, 28 de febrero de 2016

300 Historias de palabras - Varios autores


Título: 300 historias de palabras
Autores: Varios autores
 
Páginas: 360

Editorial: Espasa
 
Precio: 22,90 euros


Año de edición: 2015


Últimamente vivimos una época dorada en cuanto a libros sobre el lenguaje en español se refiere. Se están publicando un buen número de títulos para goce y disfrute de los amantes del castellano. Como éste que nos ocupa hoy, «300 Historias de palabras», un volumen de reciente aparición que es un verdadero festín para los que disfrutan con la lengua (lo digo sin segundas intenciones).

En la nota editorial que se encuentra al principio, se declara que «el único objetivo de este libro es el entretenimiento, acercar al lector de forma amena y sencilla, pero con cierto rigor, al mundo de la evolución de las palabras». Y a fe que lo consigue, porque es un libro instructivo y entretenidísimo, de los que vale la pena dejar en la mesilla de noche para que cada día antes de dormirnos se nos enrede la mano entre sus páginas y leamos dos o tres entradas.

Está estructurado en forma de diccionario caprichoso, de «abolengo» a «zombi», que ofrece la historia y etimología de 300 términos, uno por página, de los que se detalla una definicion y explicación histórica de su evolución, una reseña de la primera vez que la palabra apareció en el Diccionario de la Real Academia, dos ejemplos de uso extraídos de los corpus académicos (CORDE, CREA, CORPES XXI), el más antiguo y el más moderno encontrados y, a veces, una ilustración.

Aquí nos enteramos, por ejemplo, de cosas tan necesarias como que «amarillo» viene del latín hispánico amarellus (pálido, amarillento) y éste a su vez deriva del latino amarus (amargo), debido a que la ictericia da a la piel ese tono causado por la acumulación de pigmentos biliares muy amargos en la sangre; que «guiri» proviene del vasco, por deformación de cristino (partidario de la Reina María Cristina en la Primera Guerra Carlista y por lo tanto, gente extraña); que «tulipán», la flor de origen otomano, proviene del turco tülbent (turbante) por su forma, o que se dice que el juego del «yoyó» es de origen chino, aunque aparece en cerámicas griegas, la palabra de origen filipino y se introdujo en España en los años 30.

Un delicioso recorrido por la biografía de las palabras, instructivo y entretenido a la vez, que demuestra que, como dijo José Antonio Marina, «el lenguaje es una gran enciclopedia plegada», que debemos respetar y manejar con propiedad, porque todo en él tiene su sentido y su porqué.

Este tipo de libros son los que despiertan el amor por el idioma y creo que deberían manejarse en los colegios e institutos en esas edades en las que lo que se aprende se graba de manera indeleble en la memoria y el espíritu.

La obra está dirigida por Juan Gil, de la Real Academia Española, la redacción y documentación ha corrido a cargo de Fernando de la Orden, lexicógrafo de la fundéu, y la documentación gráfica es de Manuel Durán.

Que lo disfrutéis, que viene del latín fructus (provecho, resultado) y el prefijo dis- (separar, extraer) y viene a significar «sacar el fruto o extraer el resultado de algo». Algo así como «que aproveche». Qué divertido es esto de la etimología.

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

sábado, 27 de febrero de 2016

La vida sencilla - Octavio Paz

 
Entre col y col, una lechuga. Aunque, como muchos grandes lectores de novela y relatos, reconozco que no estoy acostumbrado a leer poesía, también reconozco que hay muchos mundos literarios en esa orilla del lenguaje que vale la pena conocer y explorar.

Por eso traemos hoy aquí un poema de Octavio Paz (Ciudad de México, 1914-1998), escritor, diplomático, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1990 y uno de los grandes poetas en castellano de todos lo tiempos.


La vida sencilla

Llamar al pan el pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes —papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento—
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…
Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos, y del polvo.


Publicado por Antonio F. Rodríguez.
“La vida sencilla”
Llamar al pan el pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes —papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento—
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…
Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos, y del polvo.
- See more at: http://culturacolectiva.com/como-vivir-y-como-morir-segun-octavio-paz/#sthash.qpXFs6yI.dpuf
“La vida sencilla”
Llamar al pan el pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes —papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento—
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…
Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos, y del polvo.
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“La vida sencilla”
Llamar al pan el pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes —papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento—
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…
Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos, y del polvo.
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“La vida sencilla”
Llamar al pan el pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes —papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento—
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…
Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos, y del polvo.
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viernes, 26 de febrero de 2016

Roble claro - Frank Yerby


Título: Roble claro
Autor: Frank Yerby
 
Páginas: 460

Editorial: Planeta
 
Precio: 8 euros 


Año de edición: 1970

A Arturo

Hoy me apetece hacer un ejercicio de nostalgia. Hace años un buen amigo me dejó esta novela, que cuenta la historia de Guy Falks, un joven sureño que vive en el siglo XIX en la plantación Roble claro. Sus padres le enseñan que tiene que ser siempre un Falks y lo que eso significa: honor, orgullo, gentileza, caballerosidad, valores tradicionales y ser el heredero de Roble claro. 

Guy viaja por todo el mundo, viaja a África, conoce qué el esclavismo, vive mil aventuras y finalmente descubre el secreto de su origen, porque las cosas no son siempre lo que parecen. 

El libro se lee con gran facilidad, el autor tiene esa habilidad propia de los grandes autores de superventas, que hace que el lector se vea impulsado a seguir leyendo casi sin poder parar. Los personajes están bien dibujados, tienen fuerza y complejidad psicológica, como la mulata Phoebe, que representa el punto de vista de los afroamericanos. El estilo es sencillo y se puede leer como una novela de aventuras. Cuando lo leí era un adolescente y, la verdad, me entusiasmó. 

Ahora, resulta curioso que una obra de tanto éxito en aquellos años sea tan difícil de encontrar en la actualidad. Supongo que hoy en día tendría una aceptación parecida y cifras de venta similares, sin embargo está agotada hace mucho y sólo he encontrado un ejemplar en una biblioteca de Madrid.

Un libro ligero, agradable de leer, que reune los encantos de la novela histórica, la de aventuras y la romántica, porque tiene su historia de amor y el interés de conocer cómo era el mundo de la esclavitud. Un superventas interesante. En este enlace podéis una entrevista que le hicieron al  autor en 1983.
 
Frank Yerby

Frank Yerby (Augusta, 1916-1991) fué un escritor estadounidense mestizo de sangre blanca, negra e india. Era hijo de un portero de hotel medio negro y medio indio, y de una escocesa. Fué criado por su madre y sus tías, que eran maestras y le enseñaron a leer y escribir siendo muy pequeño. Fué un lector compulsivo y le gustaba escribir historias desde la más tierna  infancia.

Tuvo problemas con el Ku Klux Klan y estudió en colegios e institutos en los que había segregación racial. Estudió Literatura en Tennessee y se doctoró en Chicago, donde destacó como poeta y novelista en la universidad. Estuvo trabajando como profesor de inglés y técnico de la Ford, hasta que ganó en 1944 el Premio O'Henry de relatos y en 1946  publicó su pimera novela «Foxes of Harrow», que se convirtió inmediatamente en un superventas asombroso.

Yerby se convirtió en el primer afroamericano que se hacía rico escribiendo superventas. Suguió publicando hasta 34 novelas, con un ritmo regular de una al año, de las que se han vendido más de 60 millones de ejemplares en 14 idiomas.

Siempre le echaron en cara que no se implicase en la defensa de los derechos de los negros y que los protagonistas de sus novelas fueran blancos, pero a partir de los años 60 eso cambió y publicó varios títulos, como «Negros son los dioses de mi África» (1971), en los que todos los personajes son negros y se denuncia la trata de esclavos.

El mencionado «Foxes of Harrow», sorprendente tradcido como «Mientras la ciudad duerme», fué el primer éxito editorial de la editorial Planeta y permitió el despegue como empresario de su dueño José Manuel Lara.
   
En 1956 se casó con la escritora y traductora española Blanca Calle Pérez. Curiosamente, la pareja se instaló en Madrid, en la calle Príncipe de Vergara, huyendo de la discriminación racial. En noviembre de 1991 sufrió una crisis cardíaca y falleció en la Clínica Ruber Internacional. Está enterrado en el Cementerio de la Almudena.
  
Frank Yerby en los años 30
 
Publicado por Antonio F. Rodríguez.